El Hijo de Adán, el Hijo de Dios.

Sermón predicado en Lucas 3: 21-4: 13 por el Reverendo W. Reid Hankins durante el servicio de adoración en la Iglesia Presbiteriana de la Trinidad en 08/08/2021 en Novato, CA.

Sermón

Traducido por el Diácono Diego Merino.

Este puede parecer un lugar extraño para poner una genealogía. En comparación, el evangelio de Mateo lo pone bien al principio, lo que podría parecer tener más sentido en general. Pero lo que encontramos aquí es que Lucas coloca esta genealogía en el centro de un pasaje sobre el comienzo del ministerio de Jesús. Parece hacerlo de tal manera que saca a relucir aún más la verdad de que Jesús es tanto Hijo del Hombre como Hijo de Dios. En otras palabras, cuando Jesús comienza su ministerio, Lucas nos recuerda que era importante para Jesús tanto para Dios como para el hombre. Entonces, hoy veremos el comienzo del ministerio de Jesús y como Lucas destaca a Jesús como Hijo de Adán e Hijo de Dios. Jesús es, de hecho, nuestro perfecto mediador de un nuevo y mejor pacto entre Dios y el hombre.

Entonces, comencemos en nuestro primer punto de hoy para observar brevemente como Lucas nos dice sobre el comienzo del ministerio de Jesús en esta sección. El versículo 23 usa este lenguaje, hablando de Jesús “cuando comenzó su ministerio”. Dice esto para presentar la genealogía, pero justo antes de su bautismo y justo después de su tentación en el desierto, inmediatamente comienza a enseñar en Galilea. Lucas nos está explicando que el bautismo de Jesús y la tentación en el desierto son eventos claves en el comienzo de su ministerio terrenal. Y Lucas incluye aquí el registro genealógico de Jesús para complementar aún más lo que nos está enseñando sobre este comienzo de su ministerio. Es decir, vemos cómo al comienzo del ministerio de Jesús se hace referencia a Jesús tanto en términos del Espíritu como en la carne. Esto está íntimamente relacionado con el hecho de que Jesús sea tanto Hijo de Dios como Hijo del Hombre.

Entonces, cuando Jesús comienza su ministerio, note lo que Lucas señala acerca de Jesús según la carne. El versículo 23 nos dice que Jesús tenía unos treinta años. No se nos da una fecha precisa, lo que nos dice es que no pensemos demasiado en la edad específica. Pero cuando leamos esto, debemos recordar el capítulo 2 y lo que vimos de Jesús en el templo en la Pascua cuando tenía doce años. Allí también mencionamos como Lucas sacó a relucir aspectos tanto de la humanidad como de la divinidad de Jesús. Allí, vimos que el texto enfatiza como, según la carne, Jesús estaba creciendo, y que crecer implicaba aprender y madurar, aunque era el Hijo de Dios. Como Hijo de Dios, poseía todo el conocimiento y la sabiduría y era perfecto. Pero como humano, como Hijo de Adán, tuvo que crecer y pasar de niño a hombre. Ya en el capítulo 2, vimos cuán perfectamente estaba creciendo. Pero aún no estaba listo para comenzar su ministerio, a pesar de sus grandes comienzos. Entonces todavía era solo un niño. Pero ahora había crecido. Había aprendido y madurado. Ahora, como un adulto humano, comenzaría el ministerio al que Dios lo había llamado. Y así, esta referencia aquí a que Jesús tiene unos treinta años nos recuerda su humanidad por la cual tuvo que crecer antes de comenzar oficialmente el ministerio que Dios le había encomendado. Por supuesto, el hecho de que exista el registro genealógico aquí mismo también nos recuerda la humanidad de Jesús, pero profundizaremos más en eso en un momento en nuestro segundo punto.

Pero luego, cuando Jesús comienza su ministerio, observa lo que Lucas también señala acerca de Jesús según el Espíritu. Para iniciar su ministerio, Jesús es bautizado en el versículo 22. Pero no es solo un bautismo externo. Es bautizado por el Espíritu Santo para prepararlo para el ministerio. Jesús, aunque era un Hijo humano de Adán, fue investido con el Espíritu para tal ministerio. Por lo tanto, podemos apreciar por qué su bautismo es un marcador clave aquí al comienzo de su ministerio. Pero observa en el versículo 22 lo que acompaña a esa demostración del Espíritu. Dios el Padre habla desde los cielos y declara que Jesús es el Hijo de Dios. Antes, en su juventud, Lucas dijo que Jesús estaba ganando el favor de Dios y de los hombres. Ahora, como hombre, es bautizado por el Espíritu y Dios declara su agrado por Jesús e incluso reconoce que Él es el Hijo de Dios.

Entonces, ¿qué es lo siguiente que Dios hace por medio del Espíritu por Jesús, el Hijo de Dios? Capítulo 4, versículo 1, el Espíritu lo lleva al desierto para ser tentado. La genealogía que se coloca en el medio podría hacernos perder esa conexión. Pero en términos de narrativa, esa es la sucesión de eventos. Jesús es bautizado por el Espíritu, y el Espíritu lo lleva al desierto para ser tentado, antes de que comience a enseñar. Jesús es equipado por el Espíritu y luego probado por el Espíritu que está listo para comenzar su ministerio. Pero entre estos marcadores claves para el inicio de su ministerio, Lucas interrumpe para comentarnos sobre la genealogía de Jesús. Y veremos, simplemente destaca aún más cómo Jesús es tanto humano como divino, el hijo humano de David y Adán según la carne, y el divino Hijo de Dios según el Espíritu.

Reflexionemos entonces en nuestro segundo punto sobre esta genealogía. Por supuesto, la Biblia contiene muchas genealogías. En lo que respecta al Mesías, reconocemos la importancia religiosa de reconocer cómo las promesas de Dios se realizaron y cumplieron a través de las generaciones y el linaje prometido. Pero como algo aparte, permítanme comenzar abordando la pregunta común de cómo esto se reconcilia con la genealogía de Jesús en el evangelio de Mateo. El registro genealógico de Mateo difiere en varios aspectos del de Lucas, en particular, que Mateo solo trae el registro al patriarca Abraham, mientras que Lucas nos lleva de regreso al principio con Adán en la creación. Sin embargo, en una revisión detallada se verá que las genealogías de Mateo y Lucas se desvían a las de David. Mateo nos lleva a través de una línea de Salomón hijo de David, mientras que Lucas nos lleva a través de una línea de Natán hijo de David. En una nota interesante al margen, ambos fueron hijos de David a través de Betsabé, pero estoy divagando.

La pregunta entonces es cómo armonizar las genealogías de Mateo y Lucas. Hay varias formas en las que podrían armonizarse entre sí, aunque en este punto no sabemos definitivamente cuál es la opción correcta. La Biblia en ninguna parte aborda esta cuestión, ni siquiera la plantea como preocupación. Hoy en día, se piensa popularmente que la genealogía de Mateo da el linaje legal de Jesús a través de José y que la genealogía de Lucas muestra su linaje a través de su madre María. Ciertamente, los primeros capítulos de Lucas pintan las cosas más desde la perspectiva de María y Mateo más desde la perspectiva de José, por lo que no es inconcebible. Sin embargo, este punto de vista solo ganó popularidad en la época de la Reforma. Y ambos relatos declaran que su genealogía se da a través de José. Algunos piensan que la referencia del versículo 23 de que Jesús era el hijo de José «como se suponía» permite que esto sea realmente la genealogía de María, pero esa no me parece la forma natural de leer esa declaración. Entonces, este punto de vista es una posibilidad, pero no me parece la explicación más sólida. Una explicación alternativa que también era una explicación antigua se puede encontrar en el historiador de la iglesia primitiva Eusebio, quien mismo está citando una fuente anterior (es decir, Africanus) que afirma haber recibido la explicación oficial que le fue transmitida. Esa explicación fue que la diferencia de genealogías se puede explicar debido a la práctica de la ley del levirato, donde un hermano o pariente cercano tomaría a la esposa de un miembro de la familia fallecido y criaría un hijo en su nombre si hubiera muerto antes de tener herederos. La cita de Eusebio afirma que esto sucedió cuando el abuelo de Jesús según Mateo fue incluido como Jacob, mientras que Lucas lo enumeró como Eslí. Eusebio explica que esto involucró un conjunto bastante complejo de circunstancias que resultaron en una situación de ley de levirato en la que Eslí que menciona Lucas murió antes de tener hijos, por lo que el Jacob según Mateo tuvo un hijo con el nombre de Eslí. Eso daría como resultado que la genealogía de Lucas sea el cómputo legal y Mateo sea la línea física. La explicación citada de Eusebio suena bastante convincente, si no compleja. El principal problema con esto es que hay algunos otros detalles en la explicación que parecen pasar por alto otros dos nombres en la genealogía de Lucas, lo que pone en duda toda la explicación. Dicho esto, sospecho que la resolución final es algo similar a la situación de la ley del levirato. Independientemente, no podemos ser dogmáticos sobre esto, y es una de las raras ocasiones en las Escrituras donde hay una pregunta de armonización que simplemente no sabemos con certeza la solución correcta en este momento de la historia humana. Eso no significa que no haya una solución, solo que es una incógnita para nosotros.

Entonces, lo que realmente debería interesar aquí no es un intento arbitrario de armonizar a Mateo y Lucas, sino comprender lo que tenemos según Lucas sobre la genealogía de Jesús. Permítanme luego hacer un recorrido rápido por algunos de los nombres mas notables de esta genealogía. Trabajaremos hacia atrás en el tiempo como lo hace Lucas. Comenzando con José en el versículo 23 y volviendo a Zorobabel en el versículo 27, reconocemos primero a las generaciones posteriores al exilio. Zorobabel era el hijo de David que dirigió al pueblo en la reconstrucción del templo después del exilio babilónico y es el heredero davídico que podríamos haber pensado que habría marcado el comienzo de la restauración prometida de Israel. En cierto sentido lo hizo, en términos de una reconstrucción física del templo. Pero como muestran los versículos 23-27, hubo una larga línea de generaciones hasta que finalmente nació Jesús. El regreso del exilio y la restauración bajo Zorobabel fue solo el comienzo de una restauración mucho mayor que vendría en Jesús.

Luego podemos remontarnos más a David en el versículo 31. Eso debería recordar el pacto davídico de cómo Dios prometió que uno de su propio linaje se convertiría en rey sobre un reino eterno. Yendo más atrás en el versículo 32, vemos a Boaz y recordamos la historia de Rut y cómo Dios preservó la línea del Mesías a través de los tiempos oscuros del período de los Jueces cuando todos hicieron lo que pensaban que era correcto en sus propios ojos porque no tuvieron un rey que los guíe en justicia. Más atrás, en el versículo 33, nos remontamos al patriarca tribal de Judá, quien también a través de una especie de ley del levirato preservó el linaje mesiánico y aseguró el hecho profetizado en Génesis 49:10 de que el Mesías vendría a través de la tribu de Judá. Yendo más atrás, llegamos a Sem y Noé en el versículo 36 y recordamos cuán malvado se había vuelto el mundo en ese momento, y el juicio del diluvio que Dios trajo, pero que Dios no aniquiló completamente a la humanidad, sino que conservó un remanente hasta que un día daría a luz al Mesías Jesús para salvar al mundo de sus pecados. Del mismo modo, si luego trazamos la línea de Noé hasta Set en el versículo 38, recordamos que esa línea contrastaba con la línea inicua de Caín. El linaje familiar de Caín siguió el camino del diablo, pero la línea de Set fue la que comenzó a invocar el nombre del SEÑOR en la adoración. Eso nos lleva de regreso a Adán en el versículo 38, el primer padre de todos los seres humanos. Adán y su esposa Eva cayeron en pecado, eligiendo escuchar las tentaciones del diablo en el jardín sobre Dios. Si bien eso hizo que toda la humanidad cayera en el pecado y la sujetara a la muerte, Dios luego les dio la gracia de la primera promesa de un Mesías y salvador venidero en Génesis 3:15, uno que sería una simiente de Adán y Eva que algún día pelearía contra el diablo y ganaría. Eso inició la importancia de las genealogías en la búsqueda del prometido por venir. Finalmente vino en Jesús.

Pero la genealogía no termina ahí con Adán. Ahí es donde esperarías que terminara. Ahí es donde normalmente terminan tales genealogías. Pero Lucas retrocede un paso más. Versículo 38, Jesús, el hijo de Adán, el hijo de Dios. Esto reconoce algo sobre ese primer Adán. No nació de una generación ordinaria. Fue creado por Dios, quien lo formó del polvo de la tierra y le infundió el espíritu de vida. En toda esta lista, desde Set hasta José, cada uno de estos padres nació en una generación ordinaria y nacieron en el pecado original y en un estado de depravación total. Pero no fue así como empezó Adán. Tampoco es así como empezó Jesús. Verás, la genealogía de Lucas se destaca en cómo nos hace recordar el capítulo 1 cuando el ángel Gabriel le dijo a María que daría a luz al mesías Jesús. En un respiro, Lucas 1 habla allí de la conexión de Jesús con José y cómo Él sería un Hijo de David, tal como lo hace la genealogía de Lucas aquí. Pero en el mismo pasaje de Lucas 1, el ángel pasa a explicar cómo Jesús nacería porque del Espíritu Santo cubriría a María y que así sería el Hijo de Dios. En otras palabras, Gabriel nos explicó por primera vez allí con María como Jesús sería tanto un Hijo de Adán como un Hijo de Dios. Y su genealogía aquí nos reitera esa verdad nuevamente en el contexto de Jesús comenzando su obra de ministerio.

Y esto es muy importante entonces para comprender nuestro punto final de hoy, ya que conectamos brevemente esto con la tentación en el desierto. Verás, a menudo estudiamos la tentación en el desierto por sí solo. Pero, ¿ven cuán importante es ver la tentación en el desierto a la luz de que Jesús es el Hijo de Adán, quien también nació no de una generación ordinaria, sino como el Hijo de Dios que vino a este mundo para salvarnos? La razón por la que el Espíritu lleva inmediatamente a Jesús al desierto antes de que realmente comience su ministerio es para lograr lo que el primer Adán no logró. Jesús, como un segundo Adán, es traído por el Espíritu Santo para enfrentarse al diablo y ser tentado por el diablo y, sin embargo, vencer. En eso, Jesús se mostraría a sí mismo como el justo de Dios. Como Hijo de Dios que se encarnó, ciertamente pasaría esta prueba. Pero como el Hijo de Adán que representaría a los elegidos como cabeza de su pacto, necesitaba pasar la prueba y vencerla en su humanidad. Entonces, mientras es bautizado por el Espíritu como el Hijo de Adán, inmediatamente es llevado no a un jardín pacífico para enfrentar las tentaciones del diablo, sino al desierto accidentado que corresponde al estado caído actual del mundo y la humanidad.

Aquí, entonces, vemos los mismos temas que se encuentran en la tentación del desierto de la que hemos estado hablando hoy. El versículo 23 nos había dicho que se suponía que Jesús era el hijo de José. De hecho, preferiría traducir eso no como «supuesto» sino como «calculado», que es un posible matiz de esa palabra. La traducción de «supuesto» puede hacer que parezca que no se trataba de una genealogía verdadera o válida. Pero esta palabra puede referirse a cómo se calculan las cosas según las costumbres y la convenciones normales. Por lo tanto, Jesús, como se creía comúnmente, era el hijo de José, etc. No creo que Lucas quiera poner en duda que esta sea una genealogía legítima, sino que lo que se destaca es que esta era la genealogía legal y consuetudinaria como los humanos rastrearon las cosas y desde la perspectiva humana. Desde el punto de vista humano, Jesús era hijo de José, hijo de Eslí, hijo de David, hijo de Abraham, etc. Sin embargo, según el modo de cálculo de Dios, no solo era hijo de José, también era Hijo de Dios. Esta tensión surge en la tentación del desierto. Mientras que cuando Jesús comience su ministerio en Nazaret, ellos harán la pregunta con desdén, ¿no es este el hijo de José? 4:22, Satanás no ve las cosas de acuerdo con un simple cálculo humano.

Vea entonces cómo Satanás se dirige a Jesús dos veces en la tentación del desierto. Versículo 3, «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». Versículo 9, «Si eres el Hijo de Dios, tírate de aquí». Satanás vio más allá de lo que vio la gente de Nazaret, que había dicho que Jesús era solo el hijo de José, solo otro hijo de Adán. Satanás reconoció correctamente que Jesús no era un simple ser humano, sino también el Hijo de Dios. Sin embargo, observa la respuesta iluminadora de Jesús a tales insinuaciones del diablo. Satanás intenta dos veces que Jesús haga uso de sus prerrogativas divinas como Hijo de Dios. Jesús se niega dos veces a hacer uso de tales prerrogativas. ¿Por qué? Porque si bien era en verdad el Hijo de Dios, estaba allí en el desierto para actuar como el Hijo de Adán. Él estaba allí en el desierto para ser nuestro segundo Adán, nuestro mejor Adán, nuestro líder federal de un nuevo pacto, para representarnos al éxito después de que el primer Adán nos representó al fracaso. Recuerde Hebreos 4:15 y 2: 17-18. Jesús tenía que ser como nosotros en todos los aspectos para poder ser tentado como nosotros en todos los aspectos, pero sin pecado. Soportar estas tentaciones como solo el Hijo de Dios no era problema para Él. Tuvo que soportarlos como el Hijo de Adán por nosotros. Sí, aunque también era el Hijo de Dios, seguramente pasaría la prueba. Pero tuvo que pasar por las tentaciones como el Hijo de Adán para ser el segundo y mejor Adán que necesitábamos.

Espero que vean cómo la genealogía ayuda a traer nuevamente el hecho de que Jesús es Hijo de Adán e Hijo de Dios para que podamos apreciar cómo respondió Jesús en la tentación del desierto. La mayoría de las veces pensamos en la obra salvadora de Jesús para nosotros en términos del final de su ministerio cuando fue a la cruz para pagar por todos nuestros pecados. Pero en cierto sentido, igualmente importante es este comienzo del ministerio de Jesús durante esta tentación en el desierto cuando, como el segundo Adán, pasó su prueba y se mostró a sí mismo como nuestro Señor justo.

Entonces, la Biblia nos declara que en Cristo Jesús, por la fe, se nos cuenta la justicia de Cristo. Vuélvete y cree en Jesús, y serás revestido de la justicia de Cristo y serás inscrito y contado en el registro del cielo. Esta es nuestra herencia en Cristo como aquellos adoptados como hijos de Dios que son considerados como tales en Jesús, quien es tanto Hijo de Adán como Hijo de Dios. Amén.

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