Para Proclamar el Año Favorable del Señor.

Sermón predicado en Lucas 4: 14-30 por el Reverendo W. Reid Hankins durante el servicio de adoración en la Iglesia Presbiteriana de la Trinidad en 15/08/2021 en Novato, CA.

Sermón

Traducido por el Diácono Diego Merino.

La última vez en Lucas hablamos sobre el comienzo del ministerio de Jesús en términos de su bautismo y prueba en el desierto. Pero ese comienzo de su ministerio fue realmente en términos de equiparlo y luego probarlo. Fue equipado para el ministerio por el Espíritu Santo que vino sobre Él en forma corporal como una paloma. Y luego, el Espíritu lo llevó inmediatamente al desierto para sufrir la tentación del diablo a fin de probar su justicia como el ungido del SEÑOR como el Segundo Adán. Pasó ese tiempo de prueba y ahora vemos que su ministerio realmente comienza en términos de su enseñanza al pueblo como el Cristo del SEÑOR. El versículo 14 registra esto. Después de que el Espíritu llevó a Jesús al desierto, regresó con el poder de ese mismo Espíritu a Galilea y comenzó a recorrer toda la región de Galilea. Recuerde, Galilea era la parte norte de Israel, con Judea la región al sur y Samaria la región intermedia. Allí, en la región de Galilea, estaba enseñando en las sinagogas y, como veremos más adelante en el versículo 23, también estaba haciendo milagros en varios lugares. Las cosas van muy bien en este primer ministerio de Galilea, como dice en el versículo 15 que está siendo glorificado por todos. Pero luego llega a su ciudad natal de Nazaret, que también era una ciudad en Galilea. Allí vemos un destello del tipo de ministerio inicial que estaba realizando. Pero allí también vemos que la recepción hacia Él es bastante diferente. Entonces, hoy tendremos la oportunidad de considerar estas dos cosas principales. Primero, echaremos un vistazo a este ministerio inicial de Jesús al ver lo que enseñó y dijo aquí en Nazaret. Luego, en segundo lugar, veremos cómo la gente de Nazaret no lo honró ni recibió como fue recibido en otros lugares, lo que demuestra que el proverbio es cierto de que ningún profeta es aceptable en su ciudad natal.

Entonces, comenzamos primero observando el ministerio profundo de enseñanza de Jesús allí en Nazaret. No es menos que un gran pronunciamiento de que Jesús es el ungido del SEÑOR para declarar la tan esperada restauración del pueblo de Dios. Vemos a partir del versículo 16 que era sábado y Jesús estaba en la sinagoga de Nazaret. Se levanta y lee el libro de Isaías. Específicamente, vemos que lee del capítulo 61. Es un capítulo asombroso para leer en cualquier asamblea de la iglesia. Allí, en Isaías 61, hay un hermoso capítulo que profetiza como un día Dios le devolvería la fortuna a su pueblo. Recuerde que Israel en el Antiguo Testamento había sido conquistado en el norte por Asiria y en el sur por Babilonia. El pueblo había sido llevado al exilio. La tierra estaba en ruinas, incluido el palacio del rey y el templo del SEÑOR, con los muros de Jerusalén destruidos. Esto fue debido al pecado del pueblo que Dios trajo como castigo sobre ellos. Los profetas les habían advertido, pero ignoraron esas muchas advertencias. Los profetas entonces declaran que el juicio vendría sobre ellos e incluso con todo esto los ignoraron. Finalmente, el juicio cayó sobre ellos. Pero los profetas también profetizaron que un día Dios reuniría a su pueblo caído y exiliado y los traería de regreso a la tierra y los restauraría.

Este pasaje de Isaías 61 es una de esas profecías de restauración. Por ejemplo, la profecía continúa diciendo: “Edificarán las ruinas antiguas; levantarán las devastaciones antiguas; ellos repararán las ciudades arruinadas, las devastaciones de muchas generaciones. «La profecía en ese capítulo continúa diciendo cómo todo el pueblo de Dios será entonces una nación de sacerdotes para el SEÑOR. Continúa hablando de cómo la gente entonces conocerá una gran prosperidad. Dios dice allí que en ese momento hará un pacto eterno con ellos; en otras palabras, luego hará un nuevo pacto mejor con ellos. En última instancia, será un momento en el que la justicia y la alabanza a Dios fluyan continuamente de la gente. Qué cuadro tan maravilloso y escatológico de cómo será la gloria máxima para el pueblo de Dios.

Entonces, Jesús lee aquí en los versículos 18-19 desde el comienzo de esa profecía en Isaías 61. Él lo lee y luego hace una pausa, enrolla el rollo y vuelve a sentarse. Todos los ojos están puestos en Él. Y ahí es cuando dice: «Hoy esta Escritura se ha cumplido». La profecía de Isaías predijo que alguien vendría con este anuncio. Jesús lee el anuncio y dice que al leerlo, ahora con Él se ha cumplido. La profecía se cumplió, ese mismo momento en que Jesús la leyó. Qué declaración tan audaz. Jesús está declarando que Él fue de quien se habló de antemano allí en Isaías 61. Jesús está diciendo que Él es aquel a quien el Espíritu del SEÑOR ha ungido para pronunciar esto. Jesús es el ungido del SEÑOR, este profeta proclama que esta gloriosa restauración está cerca con la venida de Él. Sería una afirmación presuntuosa si no fuera cierta. Pero sería una declaración estimulante y alegre si fuera cierta. ¡Y era verdad!

Por eso decimos que el final se inaugura con la primera venida de Jesús. Toda la restauración prometida profetizada al pueblo de Dios se inaugura con la venida de Jesús. Aquí hay un texto de prueba eso aquí. Jesús dice que esto se cumple en ese mismo día y en ese mismo momento. Sin embargo, sabemos que todos los detalles gloriosos aún no se han completado en ese capítulo. Algunos claramente se han completado. Jesús ha promulgado un nuevo pacto eterno con su sangre. En Jesús, tenemos las buenas nuevas de la salvación del pecado y Él nos levanta de nuestro estado humilde de muchas maneras. En Jesús, ahora hay un sacerdocio universal de todos los creyentes. En Jesús, reúne a su pueblo y promueve la justicia y la alabanza de Dios. Mucho de Isaías 61 ha comenzado a comprenderse ya con la venida de Jesús. Sin embargo, reconocemos que la gloria y la prosperidad en toda su plenitud consumada del reino aún no ha llegado. Más tarde se nos promete que aún vendrá con el regreso de Cristo. Pero aún no está aquí en todo su esplendor. Entonces, pasajes como este nos dicen que al final de todas las cosas se inaugurará pero aún no a sido consumado. Ya está, pero todavía no está aquí. Esta es una escatología semi-realizada y vemos un hermoso texto de prueba aquí mismo en este ministerio inicial de Jesús en Nazaret.

Mire conmigo entonces algunos de los detalles más de esta profecía de Isaías que Él leyó aquí. He hablado más tiempo mencionando del resto de la profecía de Isaías hasta ahora, pero pasemos un poco de tiempo mirando la parte que leyó. Vemos en el versículo 14 que la unción se describe con el propósito de proclamar este mensaje. Allí encontramos cuatro categorías de personas a las que se hace referencia y algo que se proclamará a cada una. Tienes a los pobres, a los cautivos, a los ciegos y a los oprimidos. A los pobres se les anuncian las buenas nuevas. Para los cautivos, libertad. Para los ciegos, recuperación de la vista. Para los oprimidos, libertad. Aquí encontramos un tema que se repite a lo largo del ministerio de Jesús, sin mencionar a los profetas del Antiguo Testamento. Es la idea de que Dios invierte la suerte de Israel. Él está tomando a los humildes y humillados, levantándolos y exaltándolos. Algo de esto lo hizo literalmente, en cómo sanó a algunas personas de su ceguera física para que pudieran ver de nuevo. Pero sabemos que muy a menudo miró más allá de las simples preocupaciones externas para tratar asuntos espirituales más importantes. Entonces, por ejemplo, liberó a personas que estaban cautivas y oprimidas por demonios, para que ya no tuvieran aflicciones. O incluso cuando sanó a hombres ciegos, habló de cómo Él también era el que quitaba la ceguera espiritual de las personas para que pudieran ver correctamente las cosas del Señor. No me malinterpreten, en última instancia, el alcance total del cambio que Jesús traerá a su pueblo afligido abordará todos nuestros males, tanto en cuerpo como en alma. Pero en su ministerio terrenal a menudo usaba milagros para ayudar al cuerpo a fin de enseñar una lección de cómo la gente lo necesitaba especialmente para ayudar al alma. La cita de Jesús de Isaías aquí tiene este pronunciamiento que es una buena noticia de sanidad, liberación y salvación de todas las aflicciones que ha enfrentado el pueblo de Dios. Y deberíamos pensar especialmente en cómo fueron esas aflicciones en muchos sentidos debido a nuestros propios pecados y fallas.

Este pronunciamiento luego se resume en Isaías y aquí en el versículo 19 cuando dice «para proclamar el año agradable del SEÑOR». Los maestros de la Biblia han reconocido desde hace mucho tiempo que aquí parece haber un eco intencional de la idea del año del jubileo. El año del jubileo era una práctica del antiguo pacto en Israel descrita en Levítico 25. Cada cincuenta años en Israel sería un año de jubileo en el que se les devolvería la tierra ancestral a todos en la Tierra Prometida. En otras palabras, si alguien tuviera que vender su herencia de tierra en la Tierra Prometida, generalmente debido a la pobreza, en el año del jubileo se le devolvería. La idea era que Dios le había dado una herencia especial de tierra a cada uno de su pueblo y así no se perdería para siempre. Cada cincuenta años se le devolvería a la familia. Entonces, Isaías parece estar mencionando esto y diciendo que los principios de la redención de la gracia de Dios involucrados en el año del jubileo encontrarán una maravillosa realización cuando el ungido del Señor venga y proclame esta restauración trascendental. El día en que Dios restaure a su pueblo será uno de poderosa redención y recuperación de lo que se había perdido. ¡Jesús entonces está proclamando que ese día había llegado!

Con esta revisión de la asombrosa enseñanza y proclamación de Jesús aquí al comienzo de su ministerio, ahora veamos en cómo la gente de Nazaret lo rechazó. Vemos en el versículo 22 al principio una respuesta positiva. Se maravillaron de las amables palabras que había dicho. No debería sorprendernos que la reacción inicial sea de asombro. Simplemente reflexionamos sobre estas palabras y en sí mismas son dignas para maravillarse. Pero luego el versículo 22 da un giro rápido. Luego dicen: «¿No es este el hijo de José?» Según la respuesta de Jesús, obviamente estaban preguntando esto con incredulidad. Básicamente están diciendo, ¿no es este el hijo de ese carpintero ordinario, José? ¿Quién se cree que es para hacer una afirmación tan audaz? Aparentemente están preguntando esto como una expresión de incredulidad. Les recuerdo aquí lo que noté en un sermón anterior en Lucas. Las secciones anteriores seguían enfatizando que, si bien Jesús es un hijo humano de José, David y Adán, Él es en última instancia el Hijo de Dios. Eso es algo que incluso Satanás pudo notarlo. Pero no la gente de Nazaret. Descartan a Jesús después de haber tenido unos momentos para reflexionar sobre sus afirmaciones sobre Él. No están listos para creer que Jesús es alguien más que ese niño, el hijo de José que han conocido de Él toda su vida. Sí, un joven piadoso y digno de elogio, pero no un mesías o profeta especial.

En el versículo 23 Jesús anticipa que le citarán un proverbio que dice «Médico, cúrate a ti mismo». Basado en la explicación, vemos que Él anticipa que esto significa que ellos querrán que Jesús les pruebe lo que dice de Él. Aparentemente, se corrió la voz de que en otros lugares de Galilea Jesús había estado haciendo varias señales y prodigios. Jesús anticipa en la incredulidad de ellos que también le exigirán que haga tales señales para ellos. Pero Jesús les está haciendo saber de manera proactiva que no lo hará, por así decirlo. En un pasaje paralelo en Marcos 6: 5, vemos que fue debido a su incredulidad hacia Él que Él no hizo muchas señales o prodigios allí en Nazaret. Una y otra vez vemos a Jesús en su ministerio realiza milagros para los que creen. Pero a personas tan duras que no creían, no iba realizar una señal para tratar de convencerlos de lo contrario.

Jesús luego continúa explicando que la incredulidad de ellos se debe al hecho de que Nazaret era la ciudad natal de Jesús. El versículo 24, les dice: «Ningún profeta es aceptable en su tierra». Ésta es la interesante dinámica de lo familiar. Jesús les era familiar, lo habían visto crecer y conocían a su familia y su negocio. Pensaron que conocían a Jesús. Pero, por supuesto, no conocían a Jesús tan bien como pensaban. Pero Jesús reconoce el desafío de que el profeta en su ciudad natal no es honrado como en otros lugares.

Para entender el comentario de Jesús acerca de que un profeta no fue aceptado en su ciudad natal, debemos apreciarlo a la luz de los dos ejemplos que luego da. Menciona a los profetas Elías y Eliseo. Estos fueron los profetas mas conocidos enviados al reino del norte de Israel, particularmente en la época en que la nación estaba gobernada por la casa infame de Omri y Acab. Ese fue un gran período de apostasía para ese reino del norte de Israel. El ministerio de Elías y, posteriormente, el ministerio de Eliseo cayeron en gran medida en oídos sordos entre Israel. Y algo que se destacó en ambos ministerios proféticos es que Dios realizó varios milagros sobrenaturales a través de ellos. Sin embargo, mire a quienes Jesús destaca especialmente como los destinatarios de sus milagros. Eran gentiles. Elías va a la viuda en Sarepta entre los malvados sidonios y se queda allí durante la horrible hambruna y milagrosamente evita que su jarra de harina y aceite se acabe durante esa hambruna. Asimismo, Eliseo sana al capitán sirio Naamán. Los sirios eran el enemigo número uno de Israel en ese momento, ¡y él cura al capitán de su ejército! Y Jesús señala que Elías y Eliseo hicieron esto no solo por los gentiles, sino en lugar por los israelitas. Hubo muchas viudas israelitas hambrientas durante la hambruna del día de Elías, pero él bendijo a una viuda gentil hambrienta. Había muchos israelitas leprosos durante la época de Eliseo, pero él curó a un leproso comandante del ejército sirio enemigo.

Sino recuerdas, nuestra iglesia estudió a Elías y Eliseo no hace mucho tiempo. Fue entonces cuando estábamos pasando por 1 y 2 Reyes. En ese momento, señalé a Elías y Eliseo bendiciendo a los gentiles sobre los israelitas como un cumplimiento del cántico de Moisés, donde Moisés en Deuteronomio 32 dijo que Dios bendeciría a los gentiles sobre los israelitas como una forma de castigo por su idolatría. Allí Dios habló de cómo Israel iría tras dioses que en realidad no eran dioses, haciendo que Dios se sintiera celoso y enojado. Entonces, Dios iría tras otros pueblos que no son su pueblo, para hacer que Israel se sienta celoso y también enojado. Eso es Deuteronomio 32:31. Cuando Jesús hace referencia así a Elías y Eliseo, hace referencia a esta dinámica. Jesús, como profeta de su ciudad natal, no será aceptado por Él mismo, por lo que Dios lo enviará a otros que lo aceptarán. El resultado será que la gente de su ciudad natal se perderá de las cosas buenas que acaba de anunciar, mientras que otros comenzarán a disfrutar de estas bendiciones.

Es interesante la idea de que esta dinámica es algo que, según el Cantar de Moises, provocaría tanto celos e ira. Porque cuando Jesús habla de esta dinámica con Elías y Eliseo, definitivamente enfurece a la gente de Nazaret. El versículo 28 dice que cuando oyeron esto, ¡se llenaron de ira! Se enojan y tratan de matarlo, pero de alguna manera irónica, aparentemente de manera milagrosa se les escapa. Así que aquí al principio se enojan. Pero aún no hay ninguna referencia a los celos. El apóstol Pablo en Romanos más tarde citaría este mismo concepto y hablaría de cómo los celos, si llegaran, serían para que ellos vinieran a Jesús. Pero para los que estaban aquí que simplemente estaban enojados, lamentablemente para ellos significaba rechazar a Jesús por una presunción incorrecta de quién Él era.

Hablando en términos más amplios, podemos recordar que Jesús finalmente se sometería a ser asesinado por los suyos que lo rechazaron. El pueblo judío en general, bajo sus líderes religiosos, rechazó a Jesús como Mesías y pidió que fuera crucificado. Luego dejó que lo mataran para ser rescate por muchos. Para poder llevar esa buena noticia a los pobres y esa libertad a los cautivos. Que podría marcar el comienzo del jubileo de una poderosa redención de los elegidos de Dios. Y de hecho, cuando el pueblo judío lo rechazó, Dios finalmente envió el evangelio salvador de Jesucristo a los gentiles. Eso hizo enojar a muchos judíos en ese momento. Sí trajo celos a algunos y los llevó al arrepentimiento ante Jesús. Esa dinámica continúa todavía hoy.

En conclusión, vemos en este pasaje una verdad y una dinámica que es tan común en la historia redentora. Sí, ciertamente hay momentos en que el pueblo de Dios cae en situaciones difíciles y entonces llegan las buenas noticias y con gran gozo las reciben. Sin embargo, hay muchas otras ocasiones en las que el pueblo de Dios puede estar tan acostumbrado a sus promesas y bendiciones que Él le ofrece a su pueblo que puede darlas por sentado o incluso abandonarlas por completo. Puede ser la dinámica de lo «acostumbrado» la que se convierte en el contexto de un desprecio pecaminoso de la gracia y la misericordia de Dios y de su Palabra para con Él. Esto puede ser tal que los forasteros, los gentiles por así decirlo, terminen abrazando y recibiendo lo que algunos en la iglesia podrían terminar tirándolo como si fuera basura.

Por ejemplo, pienso con frecuencia con la que los hijos del pacto pueden rechazar su maravillosa herencia espiritual por la apostasía, incluso cuando algún pagano crece y luego viene corriendo a la iglesia con fe. Esperamos que tal converso pueda provocar una renovación en ese hijo del pacto errante, aunque lamentablemente sabemos que a veces esos hijos del pacto descarriados se convierten en algunos de los críticos más abiertos de la iglesia. O tal vez es alguien que ha estado en la iglesia por muchos años, ha envejecido en la iglesia, pero más tarde en la vida comienza a enfriarse en su fe. A veces necesitan ver el celo y la vitalidad de un joven converso para reavivar ese primer amor. Mi punto es que debemos recordar esta tentación de dejar que lo que es costumbre nos lleve por mal camino.

Toma incluso, por ejemplo, este anuncio en los versículos 18-19 de Isaías. Esta es una proclamación asombrosamente gozosa. La primera vez que lo veas con fe, probablemente te dé ganas de saltar de alegría. Pero, ¿se te ha vuelto tan de costumbre o rutinario que con el tiempo ya no te calienta el corazón como debería? Prestemos atención a esta advertencia que se encuentra en este pasaje hoy y oremos para que Dios reavive ese primer amor dentro de nosotros y que nos aliente de nuevo con las buenas nuevas del año del favor del SEÑOR que ha sido inaugurado con Cristo y que pronto será consumado en su totalidad. ¡Ven pronto, Señor Jesús, nuestro Profeta, Sacerdote y Rey ungido! Amén.

Derechos de autor © 2021 Rev. W. Reid Hankins, M.Div.
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