Sermón predicado en Lucas 9:57-61 por el Reverendo W. Reid Hankins durante el servicio de adoración en la Iglesia Presbiteriana de la Trinidad en 20/02/22 en Novato, CA.
Sermón
Traducido por el Diácono Diego Merino.
Hoy, tenemos otro pasaje donde Jesús enseña sobre el discipulado a través de diálogos con tres aspirantes a discípulos. Me gustaría señalar que el discipulado que está en mente aquí probablemente tenía especialmente el objetivo de formar parte de ese grupo que anduvo con Jesús y lo siguió de cerca en su ministerio. Sin embargo, ciertamente hay aplicaciones aquí para todos los discípulos de Jesús. Al estudiar a través de cada uno de estos tres diálogos, observemos que Jesús está hablando en proverbios aquí. No está hablando en un discurso ordinario y directo aquí. No, estas son declaraciones proverbiales que Él habla en respuesta a cada aspirante a discípulo para desafiarlos sobre si realmente están listos para seguirlo. Debido a esto, date cuenta de que Jesús no está dando mandamientos absolutos para ser aplicados de manera rígida a todo discipulado. Mas bien, hay algo enigmático aquí, y como todos los proverbios, sería tonto aplicarlo simplisticamente a todas y cada una de las circunstancias. En cambio, necesitamos usar la sabiduría para considerar cuidadosamente lo que estos proverbios nos enseñan acerca de la naturaleza del discipulado y luego aplicarlos desde allí. Nos esforzaremos hacia tal sabiduría hoy mientras buscamos seguir a Jesús como sus discípulos. Luego consideraremos cada uno de estos tres diálogos uno por uno hoy.
Primero entonces, comenzamos con el primer diálogo en los versículos 57-58 entre Jesús y un aspirante a discípulo. En esto, es el aspirante a discípulo quien inicia la conversación con una declaración audaz de que seguirá a Jesús. Fíjate, él no solo dice que seguirá a Jesús. Su declaración es más audaz que eso. Él dice que seguirá a Jesús dondequiera que Jesús vaya. Hay mucha confianza en esa declaración, pero el proverbio de Jesús en respuesta desafía a la persona. ¿Entendió realmente la persona cómo sería tal compromiso? ¿Realmente había contado con el costo antes de hacer una promesa tan grande?
Entonces, el proverbio de Jesús está ahí en el versículo 58. Las zorras tienen guaridas y las aves del aire tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. Una vez más, notamos que Jesús no solo sale y dice claramente si este hombre sería capaz de cumplir su audaz promesa de seguir a Jesús dondequiera que fuera. Mas bien, en palabras enigmáticas habla poéticamente aquí una declaración concisa a considerar. Y sin embargo, eso es lo que hace que sus palabras sean atemporales y no solo algo específico para el aspirante a discípulo que hizo tal promesa. Entonces, las palabras de Jesús aquí emplean las imágenes de animales en su hábitat normal y natural. Los zorros y las aves suelen tener sus hogares. Eso es cierto para la mayoría de las criaturas. Will y yo estuvimos hablando de arañas recientemente y comentando cómo las tarántulas tienen hogares diferentes a los de la mayoría de las arañas, ya que generalmente viven en el suelo en agujeros. Por lo tanto, los animales suelen tener sus propios hogares donde viven y especialmente duermen. Y no son solo zorros, pájaros y animales en general. Eso también es cierto para los humanos. Normalmente, los humanos tienen sus propios hogares. Sí, no siempre es así. De hecho, algunas personas no tienen hogar. Pero no es la norma. Es por eso que tenemos palabras elegantes como vagabundo, vago, holgazán, etc. para describir varias circunstancias específicas de porqué alguien no tiene su propio hogar permanente. Mi punto es que es normal y ordinario que los animales y los humanos tengan hogares. Pero Jesús, el Hijo del Hombre, no tenía un hogar. En otras palabras, había algo extraordinario de que Jesús no tenía un hogar propio.
Apreciemos de nuevo como Jesús en el evangelio de Lucas continúa desarrollando esta auto-revelación de Jesús como el Hijo del Hombre. Comenzó con repetidas descripciones de la gran autoridad y poder que Jesús tenía como el Hijo del Hombre. Pero recientemente se ha vuelto a usar repetidamente para describir el sufrimiento que Jesús tiene por delante. Este uso continúa cuando habla de que el Hijo del Hombre no tiene un lugar para recostar su cabeza. Y date cuenta de lo que Él se refiere. Es especialmente en el contexto atrás en el versículo 51. La ascensión de Jesús de regreso al cielo se acerca rápidamente. Él va a dejar esta tierra pronto. Pero primero tiene que ir a Jerusalén, donde será traicionado, arrestado y ejecutado en la cruz. Entonces, el versículo 51 dice que debido a esto, Él tiene los ojos puestos en Jerusalén y se dirige hacia allá. Y sin embargo, esta es su obra actual en su papel como el Hijo del Hombre. Él tiene una obra de sufrimiento por delante antes de que pueda entrar en su gloria posterior. Eso significa que no hay hogar para Él o para quien esté con Él mientras se dirige a Jerusalén.
Debemos agregar que mientras se dirige hacia Jerusalén, no solo va directamente allí. Veremos cómo está ministrando mientras va en camino a la cruz, predicando en varias ciudades y pueblos a lo largo del camino. Y lo que veremos en el capítulo 10, en los versículos 4-8, es que esto implica que en cada pueblo entran para encontrar a alguien que abra sus hogares y muestre hospitalidad a Jesús y sus discípulos. Y así, las palabras de Jesús aquí acerca de que el Hijo del Hombre no tiene hogar significa que en lo inmediato cualquier discípulo que esté siguiendo de cerca a Jesús literalmente tampoco tendrá un hogar.
¿Entendió esto este aspirante a seguir cuando juró ir con Jesús dondequiera que fuera? ¿Estaba preparado para seguir a Jesús con ese fin? ¿Estaba dispuesto a negarse a sí mismo de tales comodidades típicas por el bien de seguir a Jesús? Y el no tener un hogar seguramente sería solo un ejemplo de muchas cosas diferentes por lo que tendría que negarse a sí mismo. ¿Estaba preparado para eso?
No vemos la respuesta del aspirante a discípulo, y eso es bueno porque nos recuerda que esto es más para nuestro beneficio ahora. Nos da tiempo para hacer estas preguntas de nuestro propio discipulado. Si tienes la intención de seguir a Jesús, ¿has apreciado adecuadamente lo que está involucrado en eso? Y no estoy hablando simplemente de no tener un hogar, porque no creo que esa sea la aplicación más inmediata para nosotros hoy en día. Sí, algunos misioneros y algunos ministros se encuentran en circunstancias literales hoy en día, pero no es el problema ordinario para un cristiano. Sin embargo, hay algo para entender que el discipulado todavía implica formas de abnegación por el bien del reino de Dios.
Pero creo que una aplicación que debemos tomar especialmente es entender dónde está nuestro verdadero hogar. ¿A qué me refiero? Bueno, considera a Jesús. Incluso después de ir a la cruz en Jerusalén, todavía no tomó un hogar aquí. Mas bien, ascendió de regreso al cielo. Allí encontró un hogar, un hogar glorioso. En Juan 14:2, Jesús hablaría antes de su ascensión que iba a la casa de su Padre; un lugar con muchas habitaciones, una palabra que realmente se refiere a su hogar dónde recostaría su cabeza. Ahí es donde Jesús fue en la ascensión, y dijo que iba allí para preparar lugares para nosotros también. Y esa es la aplicación mas grande que tomo de este primer proverbio aquí por Jesús. Como discípulos, necesitamos mantener una visión de dónde estará nuestro hogar definitivo. Eso es lo que Jesús mismo hizo mientras estaba en la tierra. Como sus discípulos, no importa si tenemos un hogar real en esta tierra o no, recordemos que llegar a nuestro hogar final en gloria es nuestra verdadera meta. En la imagen de la eternidad, cualquier hogar que tengamos aquí y ahora es mas como una habitación de motel en el panorama general. Tomemos esa perspectiva desde este primer punto.
Pasando ahora a nuestro segundo punto, veamos el segundo diálogo que se encuentra en los versículos 59-60. Aquí, es Jesús quien inicia la conversación con este aspirante a discípulo. Él llama a esa persona con palabras simples: “Sígueme”. Es entonces cuando la persona responde pidiendo permiso para ir primero a enterrar a su padre. Jesús nuevamente responde con otra especie de proverbio, que está ahí en el versículo 60. Él dice: “Deja a los muertos entierren a sus propios muertos, pero en cuanto a ti, ve y proclama el reino de Dios”. Observemos que ciertamente Jesús no está diciendo que los cristianos nunca deben asistir a los funerales, especialmente de sus seres queridos. Jesús también está en otra parte como criticando a las personas que no honran a sus padres y madres al afirmar que están dando en su lugar ese honor al servicio religioso y no a ellos, Marcos 7: 9-13.
Entonces, en el incidente inmediato, reconocemos que este hombre tuvo una oportunidad bastante extraordinaria de que mientras Jesús estaba de paso, Jesús había emitido este llamado especial al hombre para que lo siguiera. En otra parte vemos esas mismas palabras emitidas a varios de sus círculos íntimos de doce discípulos. Y en esos casos, los de los doce responden a tal invitación abandonando lo que están haciendo y comenzando a seguir a Jesús. Y así, esto no fue sólo un llamado general a ser un discípulo de Cristo, sino una invitación a algo especial con Jesús. Esto fue algo que en el gran esquema de las cosas no es solo una oportunidad única en la vida, sino una vez en la historia. Pero a diferencia de Pedro y Andrés, que inmediatamente dejaron sus redes de pesca y comenzaron a seguir a Jesús cuando los llamó, este hombre le preguntó si podía hacer algo “primero”. Estaba dispuesto a aceptar la invitación especial de Jesús, pero deseaba hacerlo en sus propios términos, por lo que trata de negociar los detalles aquí.
Pero al estilo clásico de Jesús, Él usa esto para otro momento de enseñanza. Decir que los muertos entierren a los muertos es usar la palabra muerto en dos sentidos diferentes. Es decir que aquellos que están espiritualmente muertos, que no han conocido la verdadera vida que se encuentra en Jesús, que asistan al entierro de los muertos físicos. Al hablar Jesús de tal manera, implica que seguir a Jesús es el camino a la vida, algo que Jesús también ha dicho explícitamente en otra parte. En otras palabras, esta declaración de Jesús similar a una parábola trae nuevamente a nuestra atención las realidades no solo de la vida física y la muerte en el aquí y ahora, sino también al estado más importante de la vida espiritual y la muerte espiritual. Y también llama nuestra atención sobre nuestro estado final, sobre la realidad de la vida eterna frente a la muerte de condenación eterna.
Y así, Jesús usa este diálogo sobre el padre de la persona que necesita ser enterrado para que pasemos algún tiempo en relativa comparación en asuntos de vida o muerte, física, espiritual y eternidad. Los discípulos de Cristo deben tener una preocupación en todo esto, pero no todos son de la misma importancia. Como un ejemplo simple, podría imaginar a alguien hoy que ha tomado todas las precauciones posibles para tratar de no contraer COVID-19 pero que aún no conoce al Señor. Tomar precauciones razonables para tu salud física es importante, pero obviamente nuestro estado eterno debe ser inherentemente algo de mayor importancia. El diálogo de Jesús con este hombre nos recuerda que debemos tener estas consideraciones y prioridades ante nosotros como sus discípulos.
También me gustaría señalar en la respuesta de Jesús aquí que Él también hace referencia explícita al reino de Dios. Creo que deberíamos ver el reino de Dios en el telón de fondo de estos tres diálogos, aunque Él lo menciona explícitamente aquí y en el diálogo final. En esto, Jesús menciona el decir que el hombre debe preocuparse por proclamar el reino de Dios en lugar de enterrar a los muertos. Creo que esto agrega otra dimensión importante a este diálogo porque el contraste es entre enterrar a los muertos físicamente por los muertos espiritualmente con la necesidad de proclamar el camino a la vida a los muertos espiritualmente, para que puedan ser vivificados y convertirse en parte del reino venidero de Dios. Y así, esto nos lleva a considerar que nuestro discipulado no solo es algo para beneficiarnos a nosotros mismos en términos de eternidad, sino que también busca ayudar a los demás.
Pasemos ahora en nuestro tercer punto para considerar el diálogo final con un aspirante a discípulo en los versículos 61-62. Una vez más, la conversación comienza con un hombre que se acerca a Jesús con la promesa de seguirlo, pero él también tiene algo que quiere hacer primero. Primero, quiere despedirse de su familia. Una vez más, la respuesta de Jesús no es un simple sí o no, pero nuevamente responde enigmáticamente con un proverbio. En este caso, Jesús está citando un antiguo proverbio que se puede encontrar en la literatura del año 800 AC. Dice en respuesta al deseo del hombre de ir primero y despedirse: “Nadie que ponga su mano en el arado y mire hacia atrás es apto para el reino de Dios”.
Basándonos en la proverbial respuesta de Jesús, vemos que Él toma en consideración el enfoque y la visión de uno. La analogía de una persona arando un campo habla de esto. Cuando aras es mejor que estés observando a dónde vas. No quieres estar mirando hacia atrás todo el tiempo. Necesitas mantener los ojos en el camino. ¿No es por eso que los automóviles de hoy en día tienen espejos retrovisores, para que pueda mantener los ojos hacia adelante y en la carretera cuando se conduce? Entonces, cuando este hombre pide primero regresar a casa y despedirse, plantea la cuestión del enfoque. ¿Se enfocará este hombre en la obra del discipulado mientras sigue a Cristo? ¿Mantendrá su enfoque en avanzar hacia el reino venidero de Dios? ¿O estará constantemente mirando hacia atrás, extrañando su casa por su vida antigua? Una vez más, para Jesús responder a esto en un proverbio es plantear la pregunta especialmente para que la consideremos en términos de nuestro discipulado.
También me gustaría señalar acerca de la respuesta de Jesús que su uso de una metáfora del arado en contexto habla más sobre el trabajo involucrado en el seguimiento a Jesús. En unos versículos posteriores en 10:2, Jesús dirá que la cosecha es abundante, pero los obreros son pocos. Básicamente, Jesús está diciendo allí que la obra de proclamar el reino y hacer conversos y discípulos está lista para dar mucho fruto. Pero que hay una gran necesidad de que más discípulos proclamen a otros la venida del reino. Y así, la idea de arar aquí un campo es una imagen agrícola muy apropiada. Los discípulos de Jesús son parte de la obra de buscar cultivar una cosecha de conversos para una maravillosa cosecha espiritual. Y sin embargo, mientras que Jesús dirá en el próximo capítulo que necesita mas obreros para esa cosecha, el pasaje de hoy dice que no todos serán aptos para ser tales obreros. Me encanta ese contraste. Hay una gran necesidad de más discípulos de Cristo, más siervos de Cristo, pero no todos los que dicen que seguirán a Cristo son realmente aptos para seguir a Cristo. El pasaje de hoy nos ha estado ayudando a considerar lo que realmente significa seguir a Jesús como su discípulo. Y en esta sección enseña que cuando te conviertes en discípulo tiene que haber una ruptura real en algún sentido con tu vida anterior para que no estés constantemente dividido en el enfoque y mirando hacia atrás y recordando de dónde vienes.
Creo que podemos ver maravillosamente esto en el pasaje del Antiguo Testamento en 1 Reyes 19 donde Elías llama a Eliseo al discipulado. Cuando Elías llama a Eliseo al discipulado, Eliseo responde de la misma manera que respondió este aspirante a discípulo. Pidió permiso para regresar y despedirse de sus padres. Eliseo concede la petición. Al principio podríamos preguntarnos si Eliseo no era apto para seguir a Jesús, basándonos en su respuesta. Mientras que en la superficie se ve muy similar, es lo que sigue Eliseo que es lo más importante. Como parte de despedirse Eliseo, sacrificó su yugo de bueyes que habría usado para su propio arado en casa y disfruta de su carne en una fiesta de despedida final. En otras palabras, Eliseo destruyó sus antiguos medios de proveer para su sustento como granjero en vista del hecho de que estaba asumiendo un nuevo trabajo para ser discípulo y aprendiz de Elías. Entonces, si bien la pregunta de Jesús a este aspirante a discípulo también habría sido justa de decirle a Eliseo, vemos en las acciones de Eliseo que, de hecho, él no sería uno que esté mirando hacia atrás cuando se supone que debe mirar hacia adelante. De hecho, el ejemplo de Eliseo de sacrificar sus bueyes antes de ir muestra el tipo de cómo cortó con el pasado y con un nuevo enfoque único que seguramente Jesús está pidiendo a sus discípulos. Eliseo se convierte en un maravilloso ejemplo del punto de determinación que Jesús quiere.
Así que, una vez más, espero que veas cómo no debemos tomar la proverbial declaración de Jesús aquí como una prohibición de despedirte de tu familia, o que para convertirte en discípulo de Jesús necesitas renunciar a todo lo de tu vida anterior. El asunto de fondo con Eliseo habría estado en mente aquí para la audiencia original de este pasaje y debería ser para nosotros también una maravillosa ilustración del principio. Seguir a Jesús implica una cierta ruptura con el pasado, ser como Rut, por ejemplo, y decir que mis viejos dioses ya no serán mis dioses, sino que ahora serviré y seguiré al único Dios verdadero. Espiritualmente hablando, no necesitamos mirar hacia atrás, sino mantener nuestros ojos hacia adelante. Necesitamos tener ese enfoque hacia el cielo, visión y trayectoria que leemos con Pablo en Filipenses 3:14 donde prosigue hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Iglesia Presbiteriana de la Trinidad, Jesús hoy nos ha dado estas tres declaraciones de proverbio que nos ayudan a reflexionar sobre nuestro discipulado. ¿Hemos establecido las prioridades correctas en la vida? ¿Tenemos una perspectiva eterna? ¿Tenemos el celo y el enfoque por Cristo que debemos? Seguramente, si nos examinamos a nosotros mismos, encontraremos maneras en que nos quedamos cortos en seguir verdaderamente a Cristo. Seguramente, no lo seguimos con todo lo que somos como Él realmente merece. Seguramente, a veces luchamos con la falta de seguirlo de todo corazón y con doble mentalidad. Seguramente, nos quedamos cortos en la abnegación y en tomar diariamente nuestras cruces. Examinemos el estado de nuestro discipulado y ver hasta qué punto nos quedamos cortos revela cuánto todavía necesitamos que Jesús nos pastoree.
Porque las mismas cosas que Jesús plantea aquí, es lo que vemos de Él aquí en Lucas. Jesús mismo estaba enfocado y decidido en ir a Jerusalén. Allí literalmente tomaría su cruz y moriría. Allí sería enterrado por aquellos que estaban muertos pero que se habían vuelto espiritualmente vivos a causa de su sacrificio. Y de hecho, Jesús no tenía un hogar aquí en la tierra para que finalmente pudiera llevarnos a su hogar celestial que es mucho mejor. Lo que Jesús pide en el discipulado no es nada más que lo que Él mismo ya ha hecho. Y lo que Jesús ha hecho es por lo mucho que nos quedamos cortos en nuestro discipulado. Entonces, que todo esto sirva para que nos volvamos a comprometer a seguir a Jesús. Porque Él es a la vez nuestro Pastor y nuestro Salvador, tanto nuestro Señor como nuestro Redentor, tanto nuestro ejemplo como nuestra expiación. Él te llama hoy: “Sígueme”. Que realmente digamos y queramos decir: “Te seguiré dondequiera que vayas”.
Amén.
Copyright © 2022 Rev. W. Reid Hankins, M.Div.
