¿Qué es Esto que Dios Nos Ha hecho?

Sermón predicado en Génesis 42 por el Reverendo W. Reid Hankins durante el servicio de adoración en la Iglesia Presbiteriana de la Trinidad en 07/07/24 en Novato, CA.

Sermón                               

Reverendo W. Reid Hankins, M.Div.

Traducido por el Diácono Diego Merino

Continuamos nuestra serie de sermones a través de Génesis y encontramos a José reunido con sus hermanos, aunque ellos no lo reconozcan. Recuerde que esta sección de Génesis comenzó en el capítulo 37 con los diez hermanos mayores de José odiándolo por varias razones, incluyendo los comentarios sobre ellos, los sueños y la envidia porque su padre Jacob favorecía a José. Fue entonces cuando lo capturaron y lo arrojaron a un pozo. Primero, habían pensado en dejarlo morir. Entonces, cambiaron de opinión y decidieron cambiar su vida por algo de dinero, vendiéndolo como esclavo a los comerciantes que se dirigían a Egipto. ¡Qué gran mal hicieron sus hermanos contra José! Luego le mintieron a su padre, quien estaba lleno de dolor que se negó a ser consolado. De hecho, vemos hoy, unos veinte años después, que su gran pecado todavía pendía claramente sobre sus cabezas. Consideremos eso hoy, así como la obra redentora que Dios estaba comenzando a hacer en sus corazones, incluso a través de José.

Comenzaremos primero a considerar cómo su pecado pasado contra José claramente los persiguió todavía. De principio a fin en este capítulo, es recordado repetidamente su gran pecado. Están plagados de ello, con aparentemente todo lo que les recuerda su maldad indescriptible, su oscuro secreto pecaminoso. Es un secreto que han tenido que guardar los diez, todo este tiempo. Pero como Números 32:23 diría más tarde: “Tu pecado te alcanzará”.

Examina conmigo algunas de las formas en que se les recuerda su pecado. Comienza por mirar los primeros versículos. La hambruna de siete años había comenzado allí también en Canaán. Jacob se entera de que hay grano a la venta en Egipto. Envía a sus hijos allí a comprar grano para la familia. Pero solo envía diez de ellos. No enviará al undécimo hijo, Benjamín. El versículo 4 nos dice que Jacob tenía miedo de que le sucediera algo malo. En otras palabras, no está tan preocupado por los otros diez. Jacob tuvo solo dos hijos con su esposa favorita Raquel, primero José y ahora Benjamín. Está claro que, con la partida de José, Benjamín se había convertido en el favorito de Jacob. Los hermanos pensaron que deshacerse de José resolvería este problema, pero no fue así. El pecado no puede resolver realmente nuestros problemas. Pero el punto es que el hecho de que Jacob no envíe a Benjamín es un claro recordatorio para los hermanos acerca de cómo su pecado aún ha dejado el alma de su padre dolida.

Otra forma en que podemos ver sus pecados pasados es en la discusión aquí de si son hombres honestos. En el pasaje, la pregunta es si son espías o no. José los acusa de ser espías y se plantea la cuestión de si son hombres honestos o no. En el versículo 11 afirman ser hombres honestos. En el versículo 19, José todavía quiere que lo demuestren. Pero como pueden ver, el corazón de sus malvados pecados pasados involucraba su horrible engaño a su padre. Recuerden, ellos arreglaron el manto de José con sangre y se lo llevaron a su padre para que pareciera que un animal lo había matado. Saben que su pasado no es de honestidad.

Luego vemos sus palabras el uno al otro en el versículo 21, cuando piensan que están hablando en privado. Esta es su conversación después de pasar tres días en la cárcel antes de que José finalmente esté listo para dejar que todos menos uno de ellos regresen a casa. En el versículo 21, confiesan su culpa el uno al otro por lo que le hicieron a José. Véase su lenguaje de “angustia”. Relacionan la angustia que tuvo José cuando lo vendieron como esclavo con la angustia que ellos están teniendo ahora. Rubén no les da ningún alivio, sino que los acusa aún más, recordándoles cómo trató de detenerlos y diciéndoles que ahora ha llegado un ajuste de cuentas. Una vez más, piense en cómo todo esto muestra cómo su pecado seguramente los había estado persiguiendo todo este tiempo. Quiero decir, ¿por qué recuerdan esto que hicieron hace décadas? ¿Por qué establecen una conexión entre ambos? Seguramente, es porque han sentido el peso de su culpa desde entonces. Ahora, están discerniendo que el SEÑOR los está llamando a rendir cuentas debido a esto.

Y luego tenemos el dinero que encuentran en el saco en el versículo 28. José les permite a todos regresar a casa, excepto a Simeón, y en el camino de regreso uno de ellos abre su saco y encuentra su dinero en el saco. Se suponía que esto era para el pago del grano, pero ahí está. Se aterrorizan cuando ven esto, y preguntan: “¿Qué es esto que Dios nos ha hecho?” Una vez más, piensen en cómo esto muestra lo que está sucediendo en sus corazones, el tipo de convicción y temor al juicio que está sucediendo. Imagínese cómo respondería la mayoría de la gente en una situación así. Probablemente, muchas personas simplemente celebrarían y se quedarían con el dinero. Las mejores personas entre nosotros dirían: “Debe haber un error”, y tratar de devolver el dinero. Pero aquí, atormentados por su culpa, piensan que encontrar ese dinero es el juicio de Dios. Tienen miedo de que sea Dios el que está preparando la perdición y destrucción de ellos.

Luego regresan a casa, y aún así no pueden escapar del recuerdo de su pecado. Mire el versículo 36. Después de que le informan a Jacob de todo lo que les sucedió, él mismo los acusa. No solo menciona cómo perdieron a Simeón y teme que ahora perderían a Benjamín, sino que Jacob menciona que también perdió a José, implicándolos sutilmente en eso. Pero saben que ellos tuvieron la culpa de la pérdida de José, y aún así se les recuerda cómo su padre todavía está sufriendo por esta pérdida. Jacob vuelve a repetir esto en el versículo 38 cuando les deja muy claro que no dejará que Benjamín vaya con ellos a Egipto, para que no lo pierda también como ya perdió a su hermano José.

Espero que esta breve descripción aclare este punto. Incluso después de tantos años, estos diez hermanos estaban inquietos por la culpa por lo que hicieron. Su pecado los persigue. Creen que están empezando a experimentar el gran juicio de Dios a causa de ello.

Ahora, en nuestro segundo punto, consideremos este pasaje desde la perspectiva de José. Lo que encontramos es que tiene uno de esos momentos de iluminación al reconocer el plan de Dios. Observemos eso y veamos qué hace con esta información. Vemos ese reconocimiento en el versículo 9. José está allí en Egipto sirviendo en su posición real especial como gobernador y como superintendente de la venta del grano. Sus hermanos aparecen y no lo reconocen, pero José definitivamente los reconoce. Seguramente, la apariencia de José habría cambiado significativamente desde la última vez que lo vieron. Entonces los diez hermanos se acercan y se inclinan ante él. José decide no revelarles aún su identidad. Pero es entonces cuando lo vemos recordar los dos sueños que Dios le reveló en su juventud. Esos dos sueños predecían que un día se postrarían ante él. Los sueños se habían cumplido. Creo que lo que José se está dando cuenta aquí es que todo esto fue parte del plan de Dios todo el tiempo. José en ese momento comienza a reconocer al SEÑOR en todo esto y eso simultáneamente le informa a José cómo debe reaccionar ante sus hermanos.

Entonces, ¿cómo responde José? Podría imaginar que podría responder con ira y odio hacia estos hermanos que tanto lo habían odiado antes. Pero eso no es lo que vemos, y creo que es porque se da cuenta de que Dios tiene un plan para salvar, restaurar y bendecir, y José está buscando alinear su corazón con el plan de Dios. Obtenemos una idea de lo que hay en su corazón allí en el versículo 24. Es entonces cuando los escucha hablar de cómo lo habían maltratado. Ahí es cuando básicamente están confesando su pecado el uno al otro, admitiendo lo equivocados que estaban. La respuesta de José es llorar. Podría imaginar que otros podrían estar agitados de ira en ese momento, pero José tiene un corazón que llora por toda la situación. Hay mucho por lo que llorar. Llorar no solo por los problemas por los que tuvo que pasar a causa del pecado de ellos, sino también llorar por sus hermanos que tanto pecaron. ¿Lloras por las personas que te han hecho daño porque reconoces lo malo que fue para ellos hacerte eso?

Y entonces José llora, y entonces José procede a enviarlos a todos a casa, excepto a Simeón, no solo con los sacos de grano, sino también con su dinero devuelto. José quería que cuidaran de su familia, por lo que se asegura de que este grano se envíe de vuelta a casa rápidamente. Pero José también los bendice aún más al esencialmente no cobrarles por el grano. Veremos en el próximo capítulo que intentan devolver el dinero, pero se les dice que se lo queden. Por lo tanto, José se esfuerza por mostrar amor y bondad a su familia, incluidos sus hermanos.

Dicho esto, lo que sí encontramos que José hace durante gran parte del resto del capítulo es ponerlos a prueba. Y creo que esto es parte de su reconocimiento de la obra de Dios en todo esto. José ha comenzado a discernir que la única razón por la que terminó en Egipto fue para poder salvar a su familia cuando vino esta terrible hambruna. Dios tenía grandes planes para su familia, esta raza escogida de Abraham, Isaac y Jacob. Pero José también reconoce que para que sus hermanos realmente disfrutaran del futuro bendito que Dios les ofrecía, tendrían que ser diferentes de lo que eran hace veinte años. En otras palabras, José quiere ver que en los últimos veinte años han reconocido su pecado, y realmente han comenzado a apartarse de el, y han comenzado a vivir vidas más piadosas. Entonces, José comienza a probarlos para ver si habían crecido de su locura anterior.

Piensen en cómo José comienza a preparar esa prueba aquí. En la superficie, José los acusa de ser espías deshonestos. Dice que tendrán que demostrar su honestidad y, en última instancia, lo planeado se convierte en que tendrán que probar su historia, incluido el detalle de tener a este otro hermano en casa, que sabemos que es Benjamín. Al principio, José amenaza con meterlos a todos en la cárcel y permitir que solo uno de ellos regrese y busque al hermano. Los pone a todos en ese pozo de una prisión durante 3 días, probándolos incluso allí, antes de que José finalmente les diga que ha cambiado de opinión y que solo requerirá que uno de ellos permanezca en prisión mientras van a buscar a su hermano. Podríamos reconocer la similitud con la forma en que al principio habían mantenido a José en un pozo planeando matarlo y luego cambiaron de opinión y en ves permitieron venderlo, pero estoy divagando. En otra nota al margen, también podríamos preguntarnos por qué José escogió a Simeón para que se quedara en prisión. Podría imaginar dos posibilidades. Uno, podría ser que Simeón, el segundo hijo, permaneciera confinado hasta que trajeran a Benjamín, el segundo. O tal vez esto es para reconocer que cuando José fue vendido como esclavo, Simeón habría sido el hermano mayor allí, ya que Rubén no estaba presente en ese momento. Tal vez esto reconozca una culpabilidad mayor por parte de Simeón, pero de nuevo estoy divagando.

Pero date cuenta de cómo esto empezará a ponerlos a prueba. Después de una experiencia tan terrible allá en Egipto, donde probablemente sienten que apenas escaparon con vida, ¿amarían a su hermano Simeón lo suficiente como para regresar por él? O el dinero devuelto solo pone mas de manifiesto la prueba. Porque si vuelven, seguramente tendrán que intentar devolver el dinero. Pero en lugar de eso, cada uno de ellos podría decidir aquí si prefieren quedarse con el dinero en lugar de Simeón, ya sabes, como eligieron el dinero en lugar de José cuando lo vendieron. Entonces, esto será una prueba, pero encontraremos que en el próximo capítulo es solo la primera parte del plan de una prueba aún mayor, cuando serán probados para ver si amarán a Benjamín por encima de sus propias vidas, o lo venderán como vendieron a José.

Y entonces, lo que quiero que veamos aquí en este segundo punto es la forma en que José realmente ama a sus hermanos aquí, después de toda su historia. Y creo que es especialmente porque cuando José reconoce que sus sueños anteriores se han cumplido, José comenzó a reconocer el corazón de Dios en todo esto. Más adelante, veremos a José testificar repetidamente de esto. Y así, José no toma venganza personal aquí, sino que asume el papel de mostrarles el corazón de Dios. Un corazón que muestra misericordia, compasión y amor, hacia la meta de la salvación física de su familia e incluso la restauración espiritual de su hermano.

En nuestro último punto de hoy, quiero volver a dirigirme a los hermanos y preguntarles qué podrían haberse estado preguntándose en este momento. Confrontados tan clara y repetidamente por sus pecados pasados contra José, podrían estar diciendo: “¿Qué haremos?” Esa es la pregunta que muchos judíos se hicieron después de que Dios los convenció a través de la predicación de Pedro de su pecado de matar a su hermano y Señor, Jesús, el Cristo. Me imagino que eso es lo que los hermanos podrían estar sintiendo en este momento. Su pecado los sigue persiguiendo. Pero, ¿qué pueden hacer al respecto? ¿No es ese el problema con muchos pecados, puedes sentirte impotente para expiar realmente por lo que hiciste mal?

Bueno, asumen que no pueden hacer nada por José en este momento, pero cuando llegan a casa saben que todavía pueden hacer algo por su hermano Simeón. El pobre Simeón está allí en Egipto en el pozo de una prisión. Y así, no los vemos diciendo, quedémonos con el dinero a cambio de la vida de Simeón. No, llegan a casa y le explican todo a su padre. Está muy claro lo que está pasando. Básicamente le están diciendo a su padre, aquí está el grano, ahora danos a Benjamín porque tenemos que regresar ahora mismo a Egipto para salvar a Simeón. Por lo tanto, creo que vemos lo que seguramente José espera ver, que sus corazones han cambiado y crecido desde sus días anteriores. Quieren mostrar amor por su hermano Simeón regresando a buscarlo.

Pero luego se toparon con un obstáculo en sus planes. Papá no deja ir a Benjamín. ¿No es así como funcionan las cosas a veces? Tal vez en el pasado no hiciste las cosas bien, pero Dios te ha convencido, te ha enseñado y te ha hecho crecer, y finalmente, en tu tiempo, quieres hacer lo correcto. Pero entonces algo se interpone en tu camino, y te impide hacer lo bueno que sabes que se supone que debes hacer.

Es entonces cuando Rubén, el primogénito, vuelve a hablar. Mire el versículo 37. Rubén ofrece la vida de sus dos hijos como prenda por la seguridad de Benjamín. Rubén fue quien trató de proteger a José antes, aunque se unió al encubrimiento de los hermano después. En este caso, su oferta es sin duda un esfuerzo de su parte para hacer las cosas bien. Rubén básicamente pone a sus hijos como expiación si no devuelven a Benjamín. Sin embargo, es comprensible que la oferta de Rubén no satisfaga a su padre. Y así, Rubén se encuentra específicamente incapaz de hacer las cosas bien.

Reconozcamos en este tercer punto su incapacidad para resolver realmente este problema. Así es como termina nuestro pasaje. Termina con Simeón todavía atrapado en prisión. Su padre todavía está plagado de dolor por la pérdida de José hace tanto tiempo. Todavía están obsesionados por su pecado de años pasados contra José. Y se enfrentan a la amenaza cada vez mayor de morir de hambre a medida que la hambruna continúa haciendo estragos y sus suministros de alimentos disminuyen a diario. Nuestro pasaje termina sin ninguna solución.

Sin embargo, aunque este capítulo aún no tiene solución para el pecado, que esto nos señale a Cristo y al evangelio. Ahí es donde encontramos la solución definitiva para el pecado. Ningún ser humano puede verdaderamente expiar su pecado por sí mismo. Si alguno fuera redimido de su pecado, se necesitaría una solución satisfactoria. Jesús traería esa solución. Jesús se ofreció a sí mismo como propiciación por los pecados de su pueblo, por todos los que reconocieran su culpa y acudieran a Él en busca de perdón y gracia. Esa expiación que Él ofrecería verdaderamente satisface al Padre de la manera más agradable. Si bien el pasaje de hoy termina sin una solución para los hijos de Israel, recordamos que Dios finalmente ha provisto una solución para el pecado en Jesús.

Así que, aunque el pasaje de hoy aún no termina con la redención de estos hijos de Israel, Dios estaba comenzando a obrar redentoramente en sus corazones. De hecho, es bueno que comiencen a sentirse realmente culpables por lo que han hecho. Esto también es cierto para nosotros hoy. Hasta que no seamos heridos en el corazón por nuestro pecado, nunca buscaremos misericordia y gracia en Jesús.

Lloremos verdaderamente por nuestros pecados. No lo consideremos ligeros ni los excusemos. No caigas en la tentación de decir algo como: “Bueno, mi pecado no fue tan malo como el de estos diez hermanos”. Todos nosotros hemos pecado grandemente y de muchas maneras terribles contra Dios. Si no reconoces eso, entonces no tendrás parte en su salvación.

Pero si lo haces, si vuelves en verdadera contrición a nuestro Señor Jesucristo, tienes que saber que has hallado la verdadera redención. Descubrirás que Cristo ha hecho lo que sería imposible para ti. Él verdaderamente cubre y expía todos nuestros pecados. No puedes hacer eso, no importa cuánto lo intentes. Sí, cuando pecamos, debemos hacer lo que esté a nuestro alcance para arreglar las cosas con aquellos contra quienes hemos pecado. Pero siempre debemos ver que todavía necesitamos que Jesús realmente deje atrás nuestro pecado.

Santos de Dios, nosotros que nos hemos vuelto a Jesús, sabemos que en Cristo vuestro pecado ha sido perdonado. A la luz de tal misericordia, esforcémonos cada uno de nosotros por “vete y no peques más”.

Amén.

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