Sermón predicado en Génesis 48 por el Reverendo W. Reid Hankins durante el servicio de adoración en la Iglesia Presbiteriana de la Trinidad en 08/09/24 en Novato, CA.
Sermón
Reverendo W. Reid Hankins, M.Div.
Traducido por el Diácono Diego Merino
A medida que nos acercamos al final en nuestra serie de sermones en Génesis, también nos acercamos al final de la vida de Jacob, también conocido como Israel. Aquí vemos que Israel se ha enfermado y debilitado. Necesita reunir sus fuerzas para poder reunirse con José y sus dos nietos, Efraín y Manases. Al bendecirlos, Israel mira tanto hacia atrás como hacia adelante. Reflexiona sobre la obra pasada de Dios en su vida, mientras considera los planes futuros que Dios tiene para sus descendientes. El próximo capítulo continuará así, ya que Jacob bendecirá a todos sus doce hijos. Por lo tanto, cuando Jacob da aquí un testimonio de la obra de Dios en su vida y deja un testamento a su descendencia, se nos da la oportunidad de pensar en esos asuntos a nosotros mismos. Hay un momento para mirar hacia el pasado. Y hay un tiempo para mirar hacia el futuro. ¿Puedes mirar hacia atrás y testificar de la mano de Dios en tu vida y de cómo has procurado vivir fielmente en respuesta? ¿Y has vivido para dejar una herencia espiritual a los que vendrán después de ti? La vida y el legado de Israel nos dan la oportunidad de pensar en estas cosas.
Comencemos en nuestro primer punto a considerar cómo Jacob mira hacia atrás al revisar su vida. Su reflexión general se puede encontrar en la bendición que otorga a los niños en los versículos 12-13. Allí lo encontramos reconociendo al único Dios verdadero. El Dios que fue el Dios de sus antepasados, Abraham e Isaac que también han sido su Dios. Si recordamos la sección que se centró en Jacob, esa fue una verdad importante con la que Jacob tuvo que luchar durante mucho tiempo hasta que abrazó por completo, que el Dios de sus padres también era verdaderamente su Dios. Luego encontramos en los versículos 12-13 la descripción de cómo Dios lo ha pastoreado y lo ha redimido del mal.
Que Jacob diga que Dios lo ha pastoreado, es para hablar de cómo Dios lo ha guiado, protegido y cuidado a lo largo de sus muchos días, días que a menudo estaban llenos de problemas. Como le dijo a Faraón en el capítulo pasado, su vida ha tenido muchos males. Pero Jacob mira hacia atrás y dice que nunca estuvo solo en esos tiempos difíciles. Dios estuvo con él en todo momento para verlo a salvo. Dios le dijo que no tenía que temer porque estaría con él. Jacob da testimonio de eso aquí.
Que Jacob diga que Dios también lo ha redimido del mal es decir que Dios no solo lo guió a través de los malos tiempos, sino que también lo liberó a través de ellos. Sí, su vida puede haber tenido muchos males, pero todas esas fueron ocasiones para la redención de Dios, para librarlo de tales problemas. Jacob también da testimonio de eso. Notemos con gozo que, en términos de este lenguaje de redención, Jacob en realidad lo atribuye específicamente al “Ángel”. Recuerde que ha habido varias veces en Génesis donde se menciona al Ángel del SEÑOR de una manera que lo equipara con Dios. En otras palabras, Génesis nos ha mostrado las formas en que el único Dios verdadero se ha manifestado a los patriarcas, al que han descrito como este Ángel. Hemos sugerido que probablemente se trata de la Segunda Persona de la Trinidad, Dios el Hijo, revelándose a sí mismo al pueblo de Dios, una Cristofanía. Y como dice Jacob, este Divino ha sido su redentor. No nos sorprende.
Así pues, el resto del pasaje de hoy lo muestra recordando varios eventos específicos de su vida en los que Dios fue este pastor y redentor. La primera está en los versículos 3-4 acerca de cuando Dios se le apareció por primera vez en Betel, también conocido como Luz. Recuerde, eso fue cuando acababa de engañar a su padre para robarle la bendición a su hermano Esau. Por lo tanto, había pecado grandemente tanto contra su padre como contra su hermano. Esau quería matarlo, por lo que huyó de la Tierra Prometida para ir a Padán-aram. Al salir de la ciudad, Dios se le apareció en esa teofanía de la escalera. Allí Dios afirmó que las promesas del pacto abrahámico le serían otorgadas, que Dios sería su Dios, y que Dios lo protegería y lo guardaría y lo llevaría de regreso a salvo a la Tierra Prometida. Piensen en la redención allí. Acababa de pecar contra su padre Isaac, pero el Dios de su padre Isaac lo perdonaba y lo bendijo con la verdadera bendición que necesitaba. De hecho, Dios redimió a Jacob de su propio pecado allí.
Luego lo vemos en el versículo 7, recuerde el tiempo en que Raquel murió. Sabemos cuánto amaba a Raquel. Incluso después de ser engañado para casarse con su hermana, trabajó otros 7 años para poder casarse con ella también. Pero finalmente regresa a casa con su gran familia, de regreso a la Tierra Prometida, seguramente con sueños de una vida gloriosa con Raquel allá en Canaan. Y ella muere en el camino, dando a luz a Benjamín. Fíjate en cómo describe su dolor por la pérdida de ella. Entonces el hijo primogénito de Raquel, José, desaparece. Él habla de eso en el versículo 11, y del dolor por eso. Podemos recordar cómo durante un tiempo allí también temió desesperadamente perder a Benjamín, supuestamente su último hijo de su unión con su amada Raquel. Pero, ¿ves la redención aquí? Pero ahora ha venido a ver a José. Y ve incluso a los dos hijos de José, considerándolos como sus propios hijos. Es como si su unión con Rachel produjera en realidad cuatro hijos, no solo dos. Y queda claro en los versículos 11-12 cuánto gozo le ha traído esto ahora, ver a José y a sus hijos. Así que la redención de Dios en esto fue para traer gozo a Jacob de la tristeza.
Sin embargo, otra cosa que seguramente podemos reconocer que Jacob recuerda de su vida es que Dios eligió bendecirlo a él en lugar de a Esau, a pesar de que él era el hermano menor. Jacob intencionalmente coloca la mayor bendición sobre Efraín, quien era el menor que Manases. No se da una explicación real de por qué lo hizo, pero estoy seguro de que no necesitamos que lo explique. Dios lo había bendecido así a él, el menor, más que a su hermano mayor Esau. El hecho de que Jacob haga lo mismo ahora es sin duda otro testimonio de cómo recuerda cómo Dios lo había exaltado a él, el hermano menor.
Entonces, Jacob puede mirar hacia atrás en su vida y dar gloria a Dios por toda la gracia que le había mostrado a Jacob. Pasemos ahora a nuestro segundo punto para considerar cómo Jacob espera hacia el futuro. Esto se ve especialmente en la forma en que bendice a Efraín y Manases, pero también en lo que le dice a José. Apreciemos que su mirada hacia adelante no es solo él teniendo un pensamiento esperanzador sobre el futuro de sus descendientes. No, él tiene una esperanza bíblica, creyendo que Dios ha prometido ciertas cosas a su descendencia, y eso es lo que Jacob en la fe está esperando. De hecho, Hebreos 11:21 enseña ese mismo punto, diciendo de este pasaje que, “Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José”.
Entonces, mirando hacia adelante con fe, Jacob comienza a mirar hacia adelante en el versículo 5 al reclamar a los dos hijos de José como suyos. Esto es muy interesante, ya que explica que llegarán a ser como si fueran los propios hijos de Jacob, junto a Rubén, Simeón y el resto. Esto tendrá el interesante efecto práctico más adelante de que las doce tribus de Israel todavía tendrán doce parcelas tribales de tierra, aunque la tribu de Levi no recibirá una herencia de tierra ya que están apartados para servir como sacerdotes y obreros en el tabernáculo. Pero aunque puede ser un poco extraño nombrar a Efraín y Manases como los propios hijos de Jacob, tiene el efecto práctico de una forma creativa de asignar los derechos de herencia de los primogénitos a José a través de sus dos hijos. Normalmente, la herencia de la familia se dividiría en partes en función del número de herederos, pero el primogénito recibiría una parte doble. Entonces, en este caso, la herencia de José en la Tierra Prometida será una doble parte, porque una parte será para Efraín y otra parte para Manases. A eso es a lo que se refiere Jacob en el versículo 6 cuando habla de la herencia que recibirán junto con los otros hijos de Israel.
Reconozca que para Jacob estar hablando de la herencia de la tierra que sus hijos tendrán en la Tierra Prometida supone que todos ellos regresarán un día a Canaan y tomarán posesión de ella. De hecho, eso es lo que Jacob le dice a José que sucederá en el versículo 21. Del mismo modo, Jacob en el versículo 22 continúa diciendo que está otorgando una herencia especial a José de una tierra que de alguna manera adquirió por la fuerza de los amorreos. No tenemos ningún registro de que él adquiriera tal tierra aparte de esta, pero la tierra se menciona más adelante en Juan 4:5 cuando vemos a los samaritanos habitando esa tierra legada aquí a José. Pero como puedes ver, Jacob tiene fe en que Dios va a enviar a sus descendientes un día de regreso a la Tierra Prometida. Las promesas del pacto incluyen un lugar para el pueblo de Dios, y Jacob bendice y otorga una herencia por fe en que Dios algún día cumplirá esa promesa.
Así que también vemos la fe de Jacob para el futuro en las bendiciones que les da a los dos niños. La bendición principal en los versículos 15-16 se enfoca en cómo se convertirán en una gran multitud de pueblos. Hagamos una pausa y reconozcamos algo aquí. Hasta este punto, las promesas del pacto se han transmitido solo a un descendiente. Abraham se lo pasó a Isaac. Isaac se lo pasó a Jacob. Ahora, comienza un ensanchamiento a medida que Jacob otorga el pacto a ambos. Ambos juntos se convertirán en una multitud en cumplimiento de este pacto especial que Dios había hecho con su familia. De hecho, en el próximo capítulo, Jacob bendecirá a los doce de sus hijos con varias bendiciones, demostrando una vez más que creía que todos sus hijos debían recibir las promesas del pacto que se les habían asignado. Una cosa que lo hace es demostrar cómo la promesa del pacto de un pueblo realmente está comenzando a realizarse. Para que la descendencia de Abraham llegara a ser una multitud de naciones, tendría que involucrar a más de una sola familia. De hecho, doce tribus más una salen de Jacob, convirtiéndose en la nación tribal de Israel.
La bendición de Jacob sobre los niños se extiende en el versículo 20. Habla de cómo llegarán a ser tan prósperos, que tal prosperidad se asociará proverbialmente con sus dos tribus. La gente podrá decir: “¡Que seas bendecido como son bendecidos Efraín y Manases!” Así de bendecidos serán, que encarnarán la definición misma de bendición para que la gente use su nombre para invocar otras bendiciones. Piensa en una analogía del béisbol. No dirías: “Que seas un gran jugador de béisbol como un jugador de ligas menores”. No, dirías: “¡Que seas un gran jugador de béisbol como Babe Ruth y Willie Mays!” Así de bendecidos serán Efraín y Manases, que serán el ejemplo de grandeza.
Así pues, al mirar hacia el futuro, podemos decir que Jacob vio que las promesas del pacto especial de Dios de un pueblo y un lugar bendecidos se harían realidad. Lo ve especialmente para Efraín y Manases. Pasemos ahora, en nuestro tercer punto, a considerar cómo se despliega ese futuro para ellos. Lo que quiero decir es que tenemos el resto de la Biblia en este punto de la historia donde podemos ver cómo la historia terminó desarrollándose para Efraín y Manases. ¿Cómo les van las cosas? Bueno, en resumen, podemos decir que hay algunos buenos y otros malos. Empecemos por los buenos.
Podemos comenzar diciendo que estos dos, especialmente Efraín, se convertirán en líderes entre las tribus de Israel. Eso no debería sorprendernos, ya que claramente José ya está en una posición de liderazgo para ellos, por lo que ahora su hijo, Efraín, continuará sus pasos. Cuando Israel finalmente regrese de Egipto dentro de cientos de años, será Josué, hijo de Nun, quien los guíe en la conquista de la Tierra Prometida. Josué se convierte después en el primer líder en la nación tribal de Israel. Y Josué era efrainita. De manera similar, en ese momento, cuando Israel finalmente se establezca en la Tierra Prometida, el Tabernáculo aún no estará ubicado en Jerusalén. No, el nombre y el Espíritu de Dios descansarían en Silo, un pueblo de Efraín. Incluso geográficamente, si miras en un mapa, las asignaciones territoriales de Efraín y Manases están justo en el centro de la nación, muy apropiadas para una tribu de liderazgo. A lo largo del período de los jueces, Efraín desempeña un papel muy importante en esta historia inicial de Israel.
Pero luego leemos en 1 Samuel hacia el final del tiempo de los jueces. Allí encontramos la caída de Israel en Efraín cuando el Arca de la Alianza se perdió por un tiempo a manos de los filisteos. Los israelitas se habían dedicado a la idolatría y adoraban a Baal. Sin embargo, cuando fueron a la batalla contra los filisteos, sacaron el Arca de Silo, pensando que Dios estaría con ellos. Pero Dios juzgó su hipocresía y permitió que los filisteos los derrotaran y capturaran el Arca. El Salmo 78 comenta sobre ese tiempo oscuro, hablando de cómo Dios abandonó su Tabernáculo en Silo y rechazó a la tribu de José en Efraín. Dice que entonces Dios entregó el liderazgo a la tribu de Judá y escogió en su lugar al rey David y a Jerusalén como hogar de su rey y su templo. Se suponía que Efraín era un líder entre las tribus, pero después de siglos de liderazgo fallido y de continuar cayendo en la idolatría, Dios eligió tomar el liderazgo de Efraín y dárselo a la tribu de Judá.
Al principio, Efraín obedeció a Dios en su cambio de liderazgo, sometiéndose a los reinados del rey David y su hijo, el rey Salomón. Pero entonces, las tribus del norte, lideradas por el liderazgo del efrainita Jeroboam, se rebelaron contra el reino de David. Empeoraron aún más las cosas al establecer becerros de oro en Betel y Dan como lugares de adoración alternativos en lugar de Jerusalén. Por lo tanto, fue Efraín quien llevó a la mayoría de las tribus en ese momento a rechazar al rey davídico elegido por Dios y al lugar de adoración elegido por Dios en Jerusalén, incluso agregando pecados con su idolatría.
Desde allí, en aquellos últimos días de la historia de Israel, varios profetas profetizaron contra Efraín por su pecado. Oseas 4:17 habla de Efraín unido a los ídolos. Isaías 9 habla del juicio de Dios sobre ellos por la forma en que se devoran unos a otros, diciendo que Manases devora a Efraín y Efraín devora a Manases y ambos están en contra de Judá. Eventualmente, el pecado de Efraín y todas las tribus del norte de Israel se vuelve tan malas, que Dios envía a los asirios para destruirlos y esparcirlos por todas las naciones. Curiosamente, los asirios luego trajeron a otras naciones paganas para que vivieran allí. Los asirios pusieron allí a un sacerdote israelita para que les enseñara el camino de como adorar al SEÑOR. Presumiblemente, todavía quedaban algunos israelitas remanentes que se quedaron en la tierra y finalmente se casaron con estos inmigrantes gentiles. El resultado fue el pueblo samaritano que vemos como un grupo distinto en los tiempos del Nuevo Testamento, que se identifica con José y Efraín.
Así pues, tenemos las tristes palabras proféticas de Jeremías 7. Allí, después de la caída de Israel en manos de Asiria, Dios habla a la tribu restante de Judá. Dios les advierte que se aparten de su pecado, no sea que terminen como Efraín. En Jeremías 7:14-15, Dios le dice a Judá que se arrepienta, o destruiría su casa de adoración en Jerusalén como destruyó a Silo y que expulsaría a su pueblo como expulsó a todo el pueblo de Efraín. Haga una pausa y reconozca cuán lejos habían caído Efraín y Manases. En el pasaje de hoy, Jacob dijo que Efraín y Manases serían el ejemplo de bendición. La profecía de Jeremías le da la vuelta a eso y dice cómo se han convertido en el ejemplo de maldición. Jeremías dice que Judá necesita arrepentirse o terminarán siendo juzgados y que serán como Efraín.
Quería pensar en el futuro para que Efraín y Manases dijeran que el hecho de que recibieran esta gran bendición que se les había otorgado aquí, no significaba que pudieran esperar esa bendición sin fe en Dios. Si hubieran continuado confiando en Dios, habrían seguido encontrando esta bendición apropiada en sus vidas. Pero rechazaron a Dios y descubrieron que las promesas del pacto que se les habían impuesto ya no se aplicaban a tales apóstatas. Seguramente podemos aplicar hoy mismo incluso a nuestros hijos del convenio. Los bautizamos por una razón. La promesa del pacto de Dios nos ha sido dada a nosotros y a nuestros hijos. Bendecimos a nuestros hijos y les damos ese testimonio y testamento cuando los bautizamos. Pero solo disfrutarán de esas promesas por fe. Para cada hijo del pacto, este es un llamado a creer en Jesús. Si lo haces, entonces sabrás todo lo que Dios ha puesto sobre ti en tu bautismo. Conocerás el perdón de pecados y la vida eterna y bendita en la gloria venidera. Esta misma aplicación se aplica también a cada persona bautizada. El nombre de Cristo fue puesto sobre ti en tu bautismo. El pacto de un pueblo piadoso y de un lugar eterno fue nombrado sobre ti, con abundante bendición tras bendición. Pero cada uno de los que pensamos que estamos firmes, tengamos cuidado de no caer. Esta bendición de Efraín y Manases no los hizo inmunes a la apostasía. Las bendiciones y promesas del pacto que se nos dan a cada uno de nosotros son muy dulces en Jesús. Por lo tanto, cada uno de nosotros sea diligente en confirmar nuestro llamamiento y elección añadiendo a nuestra fe, virtud, conocimiento, dominio propio, perseverancia, piedad, amor fraternal y caridad. Que estemos en Cristo cuando Él regrese.
Permítanme agregar esta nota importante. Si usted es de los que han sido bautizados pero se han apartado de la fe, sepan que el Señor los perdonará y los restaurará, si ustedes se vuelven a Él con fe. De hecho, Efraín es prueba de ello. El profeta Zacarías (Zacarías 10) profetizó esto para Efraín, diciendo que un día Dios restauraría a Efraín, que les respondería cuando lo llamaran. Que sería como si Dios no los hubiera rechazado, y que Efraín se convertiría en un poderoso guerrero con corazón alegre, él y sus hijos. De hecho, esto se ve incluso comenzando a suceder en los evangelios cuando Jesús ministró a los samaritanos. Cualquiera que fuera el remanente de Efraín que había allí, Jesús buscó y salvó lo que se había perdido. Eso continúa en el libro de los Hechos. Jesús tiene un corazón hacia los descarriados. Así que, de la misma manera, si estás aquí hoy y no has estado caminando hacia el llamado de Dios en tu vida, que hoy sea un día para entrar en razón y regresar a tu Padre Celestial. Y para aquellos que aún no se han convertido en parte de la familia de Dios, sin embargo, hoy también pueden volverse al Señor y encontrar toda bendición espiritual en Jesús.
Amén.
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