Sermón predicado en Deuteronomio 5:16-18 por el Reverendo W. Reid Hankins durante el servicio de adoración en la Iglesia Presbiteriana de la Trinidad en 13/10/24 en Novato, CA.
Sermón
Reverendo W. Reid Hankins, M.Div.
Traducido por el Diácono Diego Merino
Continuamos nuestra miniserie a través de los Diez Mandamientos. Hoy veamos el quinto, sexto y séptimo mandamiento. Estos comienzan a describir nuestro deber para con nuestro prójimo. Plantearán cuestiones de honor, vida y castidad, en áreas tan descuidadas en el mundo de hoy.
Comencemos con el quinto mandamiento donde encontramos el mandamiento de honrar a nuestros padres. El mandamiento de honrar se trata de mostrar el respeto o valor adecuado a la persona a la que estás honrando. Los está tratando con el respeto y la dignidad con que se merece.
Por lo tanto, este mandamiento se refiere explícitamente a la relación padres-hijo(a). Observemos que al comienzo de estos mandamientos que tratan con nuestro prójimo, comienza con la dinámica de la familia inmediata. Si vas a funcionar bien en la sociedad, eso va a empezar primero en el hogar. Los primeros que conocerás son los miembros de tu familia, especialmente tus padres. Aprender a honrar adecuadamente a tus padres te ayudará a lo largo de tu vida, como lo describe la promesa adjunta. Aprender a honrar a tus padres te servirá bien y contribuirá a una vida larga y bendecida.
Lo que está aquí en el quinto mandamiento tiene aplicaciones más allá de la relación padres-hijo(a). Si bien esa es la primera relación en la que aprendemos sobre la autoridad, la vida está llena de diferentes estructuras de autoridad. En el matrimonio, el marido debe ser la cabeza de la mujer. En el lugar de trabajo, hay jefes que administran a los empleados. En la iglesia, hay oficiales ordenados en posiciones de liderazgo sobre los feligreses. En el gobierno, hay varios niveles de autoridad a los que los ciudadanos tenemos que responder. En otras organizaciones, generalmente tienen estructuras de liderazgo con reglas a seguir. La vida está llena de diversas estructuras de autoridad entre los seres humanos. A veces nos encontraremos a cargo de otros. A menudo, nos encontraremos bajo la autoridad de otra persona. Debemos aprender a funcionar bien en este tipo de relaciones. El quinto mandamiento habla de la primera estructura de autoridad en la que nacemos y, por extensión, nos llama a considerar nuestro deber en todas las relaciones entre los seres humanos. Por supuesto, esto nos ayudará en última instancia a aprender a honrar y obedecer a Dios, nuestra máxima autoridad.
Colosenses 3 explica esto más a fondo, donde trata de las relaciones de esposo-esposa, padres-hijo(a) y amo-siervo. Nos ayuda a ver que ambas partes de esa relación tienen obligaciones con el otro. Las personas con autoridad no deben abusar de esa posición de autoridad. Aquellos que están bajo autoridad necesitan aprender el honor apropiado y la sumisión a tal autoridad.
En nuestros días, nuestra cultura se ha pronunciado muy fuertemente contra el abuso de poder por parte de personas en posiciones de autoridad. No todas las soluciones propuestas son las mejores. Pero podemos reconocer que demasiadas personas se aprovechan de los demás abusando de su autoridad. De hecho, la Biblia reconoce que eso es pecado y llama a las personas a apartarse de eso. Colosenses 3 da algunos ejemplos. Dice que el esposo no debe ser duros con su esposa. Dice que los padres no deben exasperar a sus hijos. Dice que los amos deben tratar a sus siervos con justicia y equidad, de la misma manera que querrían que su amo celestial los tratara a ellos. Debemos estar en guardia contra las tentaciones de las autoridades de pecar contra los que están bajo su mando.
Pero tampoco debemos pasar por alto que las personas bajo autoridad también pueden pecar por la forma en que pueden despreciar o subvertir una autoridad. Colosenses 3 también da ejemplos de esto. Llama a las esposas a someterse a sus maridos. Llama a los niños a obedecer a sus padres. Llama a los sirvientes a servir de corazón, no solo cuando el jefe está mirando. Observemos que tal sumisión no debe ser absoluta. Debemos someternos en el Señor, es decir, que nuestra sumisión nunca puede ser usada como una excusa para ir y cometer algún pecado, solo porque una autoridad te dijo que lo hicieras. En ese caso, tenemos que obedecer a la autoridad superior de Dios sobre el hombre. No obstante, por lo general, debemos tratar de mostrar honra piadosa y sumisión a las personas con autoridad, y debemos reconocer que esta es una tentación común de querer hacer lo contrario.
Tal honor y sumisión deben apreciar la naturaleza única de cada relación. Por ejemplo, la relación entre un esposo y una esposa a la luz de la unidad del matrimonio va a ser diferente a una relación entre un empleador y un empleado en un entorno de empleo voluntario. La apariencia de esa sumisión y honor debe reflejar la naturaleza de la relación. La sabiduría es necesaria para cada aplicación.
Permítanme señalar una forma en que podemos pensar en el quinto mandamiento que se cumple en Cristo. Pienso en cómo Efesios 5 habla de la imagen de Cristo y la iglesia como algo que se puede modelar en la relación entre un esposo y una esposa. El liderazgo amoroso y el sacrificio de Jesús y la sumisión piadosa de la iglesia a Cristo se pueden representar en los matrimonios humanos. A modo de ejemplo, incluso con sus defectos pecaminosos de este lado de la gloria, las estructuras de autoridad pueden ser idealmente algo hermoso, incluso cuando nos señalan el evangelio y nos enseñan cómo honrar a Dios.
Pasemos ahora a nuestro segundo punto y consideremos el sexto mandamiento: “No matarás”. Esto prohíbe toda toma injusta de la vida humana. El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, y esa vida debe ser especialmente honrada, por lo que Génesis 9 pide la pena de muerte por asesinato. Por lo tanto, este mandamiento no está en contra de la pena capital, así como no estaría en contra de matar a alguien en defensa propia o en una situación de guerra. Pero al mismo tiempo, esta prohibición contra la toma injusta de la vida no solo está reservada para el asesinato premeditado, sino que hablaría en contra de todas las formas de asesinato y homicidio involuntario. Del mismo modo, se aplica contra el aborto, contra el suicidio y contra la negligencia que conduce a la muerte. Este mandamiento, positivamente, nos llama a tratar la vida como una bendición de Dios que debemos administrar. Debemos tratar de preservar nuestra propia vida y la vida de los demás. Eso significa que debemos preocuparnos por nuestra salud y tratar bien nuestro cuerpo.
A menudo aquí los cristianos hablan mucho sobre los abortos y sobre otras cosas. Cuando se compara el aborto con el asesinato y el homicidio involuntario combinados en los Estados Unidos, cada año se terminan aproximadamente 40 veces más vidas humanas en el aborto que el asesinato y el homicidio involuntario combinados. En promedio casi un millón de vidas humanas son arrebatadas cada año en abortos. Esa es una violación asombrosa del sexto mandamiento y una razón para generar alarma.
Jesús dio una aplicación extensa de este mandamiento en el Sermón del Monte. En Mateo 5, habla de cómo incluso la ira pecaminosa y los insultos malvados contra alguien violan el espíritu de este mandamiento. Un odio subyacente desde el corazón de alguien es el problema subyacente. Eso es lo que llevaría a un hombre a quitar una vida ilegalmente. El pecado comienza en el alma del hombre, y cosas como la calumnia representan una mayor preocupación del corazón.
La aplicación extendida de Jesús es, sin embargo, muy oportuna en nuestros días. En nuestra sociedad se habla mucho del odio y la intolerancia. Irónicamente, con demasiada frecuencia las personas que acusan a otros de odio e intolerancia suelen ser odiosas e intolerantes. Sin embargo, recordamos cómo Jesús nos llamó a amar a nuestros enemigos y a orar por ellos, a poner la otra mejilla y a ser pacificadores. Sí, hay un tiempo para el odio justo contra los males. Pero los cristianos estamos especialmente llamados a mostrar un amor misericordioso hacia los demás, incluso hacia las personas que nos odian. Por lo tanto, aunque la gente todavía se oponga en gran medida a los cristianos con odio e intolerancia, busquemos poner en práctica las enseñanzas de Jesús mostrándoles bondad mientras los llamamos amorosamente a arrepentirse de sus pecados y volverse a Jesús. Si, esto parece difícil de hacer, recordemos que nuestro Señor Jesús se permitió morir injustamente, morir en nuestro lugar, para que nosotros podamos vivir. Jesús también cumple este mandamiento en su totalidad, y su ejemplo nos impulsa a vivir en caridad hacia los demás, incluso cuando no lo merecen.
Pasemos ahora a nuestro tercer punto para considerar el séptimo mandamiento: “No cometerás adulterio”. Si bien esto habla explícitamente en términos de adulterio, por extensión, es un mandamiento para despojarse de todas las formas de inmoralidad sexual y vivir una vida casta. ¿En qué consiste esa castidad? En resumen, la castidad consiste en tener intimidad sexual sólo dentro de los límites del matrimonio. Como dice Hebreos 13:4: “Que el matrimonio sea honrado por todos, y que el lecho conyugal sea inmaculado, porque Dios juzgará a los fornicarios y adúlteros”. Hebreos explica que debemos considerar que tal intimidad física es exclusiva de un esposo y una esposa. Nadie más debe involucrarse en ese aspecto de vida de ninguna manera. Se debe abandonar a todo los demás en ese sentido. Y ese es el único lugar donde se puede disfrutar de esa intimidad, dentro del vínculo del matrimonio. La castidad, entonces, es comportarse en pureza sexual para que la intimidad solo se disfrute con la persona con la que se está casado. Si estás participando en tal actividad con alguien que es el cónyuge de otra persona, entonces eso es lo que llamamos el pecado de adulterio. Si estás participando en tal actividad con alguien que no está casado, entonces eso es lo que llamamos el pecado de fornicación.
Entender la castidad bíblica en relación con el matrimonio, ayuda a resumir todo lo que la Biblia incluye bajo la definición de inmoralidad sexual. Si comienzas con la definición bíblica de matrimonio, entonces eso responde a todas las preguntas. La Biblia dice que un hombre no puede casarse con un hombre y una mujer no puede casarse con una mujer, así que dice que la homosexualidad está mal. La Biblia dice que no debes casarte con un pariente cercano, así que dice que el incesto está mal. La Biblia dice que no puedes casarte con un animal, así que dice que la bestialidad está mal. La Biblia dice que no debes casarte con más de una persona, así que dice que la poligamia está mal. La Biblia dice que el matrimonio implica un pacto entre un hombre y una mujer, por lo que la cohabitación, es decir, la convivencia íntima antes del matrimonio, está mal.
En este sentido, apreciemos que Dios les dio ropa a Adán y Eva después de la caída. La ropa está relacionada con nuestra expresión sexual. Cubre nuestra desnudez para que solo un esposo y una esposa puedan disfrutar de esa desnudez juntos. Vemos esto, por ejemplo, en Levítico 18, donde describe repetidamente la intimidad sexual en el lenguaje de “descubrir la desnudez” de alguien. Dios nos dio ropa, por eso es pecaminoso mirar sexualmente a alguien que está desnudo y que no es tu cónyuge. Es por eso que la pornografía y el voyeurismo también son violaciones de este séptimo mandamiento. También es la razón por la que debemos vestirnos modestamente como lo ordena 1 Timoteo 2:9.
En este sentido, Jesús confirmó en el Sermón del Monte que podemos quebrantar este mandamiento con los ojos. Si buscamos y codiciamos a alguien que no es nuestro cónyuge, entonces nuevamente quebrantamos este mandamiento. Esto nos recuerda de nuevo que el pecado comienza en el corazón. Una vez más, afirma la importancia de vestirse con modestia. De nuevo explica que la pornografía está mal. Una vez más, nos recuerda que el lecho matrimonial es el lugar exclusivo para tal intimidad sexual, ni siquiera en la privacidad de tu mente se debe violar eso.
Hay tantas razones por las que necesitamos este mandamiento hoy. El movimiento LGBTQ ha estado promoviendo fuertemente ciertas inmoralidades sexuales como el matrimonio entre personas del mismo sexo y el transgenerismo. Pero en general, nuestra cultura pop pagana aboga por una revolución sexual que glorifica muchas de las formas de inmoralidad sexual que la Biblia llama pecado. La ley de Dios nos educa y nos fortalece contra cualquier mal que la cultura quiera celebrar.
Pero aunque los cristianos podemos reconocer el mal de la inmoralidad sexual, debemos estar en guardia. Las tentaciones para tal pecado son reales y grandes. Muchos cristianos han caído en esta área, trayendo una gran ruina a su vida y a la vida de quienes los rodean. Mencioné anteriormente que el aborto merecía una atención especial debido a su prevalencia. Bueno, bajo este mandamiento, la fornicación junto con la pornografía son pecados tremendamente prevalentes. Demasiadas veces los cristianos que creo que aman a Jesús caen terriblemente en estos pecados. Observemos y oremos atentamente en esta área.
Para cada mandamiento, he señalado alguna manera en la que podemos pensar en Cristo dándole cumplimiento. Jesús, a pesar de las grandes tentaciones de la inmoralidad sexual, vivió una vida perfectamente casta en la tierra. ¿Por qué lo hizo? Porque el gozo puesto delante de Él para desposar a una esposa para sí mismo, es decir, la iglesia. Que Él sería capaz de limpiar a su novia impura de todas sus impurezas, para que nosotros, la iglesia, pudiéramos ser una novia purificada para Jesús.
En conclusión, hemos visto estos tres mandamientos hoy que tienen que ver con asuntos de honor, vida y castidad. Ya hemos dado muchas aplicaciones, pero un denominador común que podemos encontrar en las tres es la forma en que promueven la familia cuando se viven adecuadamente. Seguramente, nuestra sociedad se beneficiaría de ser más pro-familia. Ciertamente, nosotros, los cristianos, podemos beneficiarnos de un recordatorio de la importancia de la institución de Dios de la familia, y de la institución estrechamente relacionada del matrimonio.
Al estudiar estos tres mandamientos hoy, recordemos nuevamente que hay perdón de pecados en Jesús. Seguramente, todos nosotros los hemos roto de una forma u otra, de múltiples maneras. Dejémonos atraer de nuevo a la gracia que es en Cristo Jesús. Y seamos entonces impulsados a salir de nuevo buscando vivir en nueva obediencia a estos mandamientos verdaderos, buenos y hermosos.
Amén.
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